MI HIJO ES MÍO

MI HIJO ES MÍO

Tener este pensamiento es el primer error que cometemos los nuevos papás. Creer que nuestros hijos son nuestros, ya que nos da derecho a tratarles como si fueran de nuestra propiedad, como si no pudieran valerse por ellos mismos.

Al decir MI hijo estoy dando por supuesto que puedo hacer con él lo que considere porque es mío, porque yo soy adulto y él es pequeño y nos cuesta darle importancia a lo que pueda pensar o querer el niño.

Hace relativamente poco los niños eran mercancía, moneda de cambio, esclavos sexuales de quién podía permitírselo, eran propiedad de los padres o de quién deseara comprarlo; no tenían derechos a pesar de su condición de inferioridad para poder defenderse.

Se descubrió la importancia del trato infantil para llegar a ser adultos sanos psicológicamente y desde entonces empezaron a dictarse leyes para la protección del niño.

Pero aún ahora arrastramos este sentido de la propiedad que nos impide ver a “nuestros hijos” como seres con sus propios rasgos de personalidad, carácter, gustos, intereses y necesidades tan diferentes de los nuestros.

Los hijos vienen a través de nosotros, pero no nos pertenecen.

La vida nos eligió para ser sus padres, para albergarlos en el seno materno y criarlos después, pero nos ocupamos de ellos porque nos importan no porque sean de nuestra propiedad.

Nuestro papel como padres y madres es precisamente proteger al niño del exterior que lo quiere manipular, moldear, cambiar y que en un futuro sirva para vivir en una sociedad que no nos gusta a nadie.

Proteger al niño como un bien precioso, pero dejarlo libre para que se desarrolle.

Cuando dejemos de pensar que nuestros hijos son nuestros, empezaremos a darles la libertad que merecen como seres únicos y maravillosos que han llegado para ser felices y cambiar el mundo.

Mónica Queralt

 

 

VÍSTEME DESPACIO…QUE TENGO PRISA

VÍSTEME DESPACIO…QUE TENGO PRISA

En la sociedad en la que vivimos la prisa está presente en todo momento: vamos a trabajar corriendo, nos duchamos rápidamente, comemos casi sin masticar, dormimos sin dormir,… y el tiempo de ocio se reduce a estar con los amigos el fin de semana y a disfrutar de nuestros hijos cuando llegan del colegio y de las extraescolares para cenar e irse a la cama.

Algunas familias tendrán más o menos tiempo, pero por lo general sucede así, es lo que toca, es nuestro estilo de vida.

¿Pero por qué creemos que los niños también deben vivir así?

Me he encontrado a numerosas madres –y algunos padres- que están preocupados por que el pediatra tal o el profesional cual le ha dicho que el pañal se quita a los 15 meses, que el pecho se debe dejar de dar a los 6 meses porque ya no alimenta, que los bebés deben dormir solos a los pocos meses de vida, que deben comer solos, que no pueden entretenerse con una piedra a medio camino entre su casa y el colegio…

Porque tenemos prisa y llegamos tarde!

Pero los niños no tienen la misma percepción del tiempo que nosotros, ni la misma capacidad para gestionarlo –por suerte!- y mucho menos las mismas ganas de correr cuando lo que le rodea es tan interesante y llamativo como para pararse a observar, tocar, experimentar y descubrir.

¡Qué prisa tenemos en que crezcan y maduren!

El niño se acabará quitando el pañal, acabará por dormir solo y dejando el pecho un día u otro, comerá solo y aprenderá cuando debe o no demorarse, ¿Por qué marearlos tanto?

Dejemos de darles prisa, permitamos que puedan ir a su ritmo y no convirtamos a nuestros hijos en presos de la prisa ni de los horarios ni de los relojes ni de los adultos…

Propongo un juego:

Durante un día sigue a tu hijo y haz lo que el haga, vístete a la misma velocidad, come de la misma manera –si, si, con las manos!- duerme a pierna suelta con él, corre bajo la lluvia y deléitate con un simple caracol subiendo por la pared, ensúciate de barro las manos y la ropa, VIVE con inocencia y pureza.

Aprende de tu hijo, de su ilusión por la vida, por su entorno, de su fascinación por una hoja seca o una rama rota.

Ese día, podría cambiarte la vida.

Por que los niños tienen una forma de verla que los adultos a duras penas podemos ni siquiera imaginar…pero hemos sido niños alguna vez, no?

Mónica Queralt Pernía.

 

LA ALIMENTACIÓN VEG(ETARI)ANA

LA ALIMENTACIÓN VEG(ETARI)ANA

Existen muchos padres interesados en alimentar a sus bebés y posteriormente a sus hij@s más mayores con una alimentación sana y natural, con un alto contenido en productos vegetales e incluso ecológicos.

Y no es de extrañar, teniendo en cuenta el trato que reciben los animales para nuestro consumo y, por consiguiente, la carne y el pescado (hormonas, antibióticos,…) actualmente y la facilidad de conseguir productos sin tratar y a buen precio, con la fácil posibilidad de tener nuestro propio huerto urbano.

Mientras para muchas personas en occidente y latinoamérica es más extraño imaginar bebés vegetarianos (incluso adultos), en Inglaterra muchos bebés ya nacen como una cuarta o quinta generación de familias vegetarianas o veganas.

La opción de nutrir y alimentar a nuestr@s hij@s y a nosotr@s mism@s con una alimentación vegana o vegetariana, empieza a estar muy extendida en muchos otros países al descubrir los numerosos estudios que demuestran la nocividad del consumo de animales y los que demuestran los beneficios de no hacerlo.

Mientras tengamos claro que, como algunas modas, no debemos comer únicamente pasta, bollería y pizza; una alimentación libre de carne supone un gran beneficio al añadirle productos vegetales, no solo por el hecho de dejar de consumirla.

La mama embarazada o lactante que desea convertirse a este estilo de vida, debe saber que es relativamente fácil nutrirse para amamantar sanamente.

Durante el amamantamiento y tal como durante el embarazo, se necesitan vitaminas y minerales extra, que se encuentran perfectamente en gran cantidad de productos vegetales. El germen de trigo, el pan integral, los granos enteros, legumbres, aguacate, semillas, hongos, arroces, frutas, tofu y brotes de soja son buenas fuentes de estas vitaminas y minerales, pudiendo añadir zumos o licuados de frutas frescas y vegetales, además de los frutos secos.

Si nos alimentamos correctamente, estaremos nutriéndonos a nosotras y al futuro bebé, además del riesgo que se ahorran las madres vegetarianas.

Un estudio norteamericano reveló que, de 7 contaminantes químicos, seis fueron encontrados en dosis notablemente más bajas en la leche de madres vegetarianas, comparada con la leche de madres omnívoras. (Hergenrather, J. Hlady, G. Wallace, B. Savage, E. 1981. Pollutants in breast milk of vegetarians. New England Journal of Medicine, 304: 792-792).

En breve iremos introduciendo información sobre del tema, acercando a los papás interesados a la alimentación veg(etari)ana.

Si vuestro interés es inmediato solo tenéis que poneros en contacto conmigo y estaré encantada de informaros al respecto.

TE QUIERO

TE QUIERO

… Hay muchas formas de decir TE QUIERO…

TE QUIERO cerca de mi, no te alejes…
TE QUIERO en silencio, no hagas ruido…
TE QUIERO ver hacer los deberes, no te entretengas…
TE QUIERO ver comer, acaba ya…

Y la frase lapidaria…

TE QUIERO si te portas bien.

Dejemos de utilizar el TE QUIERO para hacer chantaje emocional, para manipular,…no les enseñemos a nuestr@s hij@s que el AMOR se compra o se gana.

¿Por qué no decimos simplemente TE QUIERO?

Porque detrás de un TE QUIERO solo debería haber un MUCHO.

¿POR QUÉ REÍRSE O ESTAR ALEGRE ES BUENO Y ENFADARSE MALO?

¿POR QUÉ REÍRSE O ESTAR ALEGRE ES BUENO Y ENFADARSE MALO?

Siempre me he hecho esa pregunta, sobretodo después de tener a mi hija y observarla. No entendía porque era tan diferente nuestra reacción (a ojos de un adulto) un sentimiento u otro.

Al fin y al cabo, son exteriorizaciones de una emoción como cualquier otra, ¿no? Pues parece ser que no.

Yo creo que hay un extraño complot mundial por erradicar el sentimiento de enfado, la ira, la tristeza, el lloro (a no ser que sea de alegría, entonces sí se puede), y cualquier otro sentimiento, llamémoslo, “negativo”.

Lo que la gente no sabe es que, si se permite expresar, si se deja fluir, ese sentimiento tiene un curioso proceso de adaptación y acaba MUTANDO y desaparece solo.

Los adultos deberíamos ayudar al niñ@, no a negar sus sentimientos ni a evitar que los tengan, sino ayudarles a dirigir su enfado positivamente, por ejemplo podemos pedirle que se enfade sobre un cojín en lugar de hacia una persona, pero nunca reñir al niñ@ por sentirse frustrado cuando no consigue lo que quiere.

El sentimiento de enfado y enojo es tan necesario y vital como el de alegría y el contento, y es mucho peor reprimir un sentimiento “negativo” que “positivo”, porque los sentimientos “negativos” acaban saliendo un día u otro y entonces tiene repercusiones con el paso del tiempo si se reprimen, incluso hay estudios que demuestran que pueden llegar a producir enfermedades! .

Cada uno se enfada por diferentes cosas, y lo que para tu hij@ es frustrante (como que se le caiga su juguete al suelo) para ti lo puede ser otra cosa (que pierda tu equipo de fútbol) que para él no tenga la mínima importancia.

¿Por qué nos cuesta tanto a los padres dejar que sean ellos mismos?

¿Por qué nos cuesta tanto darle importancia a un sentimiento venga de quién venga?

¿Por qué nos es más fácil entender a un adulto enfadado que a un niñ@ enfadado?

Es un sentimiento como otro, igual de importante, vital, bueno y necesario, y debe dejarse exteriorizar.

¿Os habéis parado a observar a un niño enfadado? Todo su ser exterioriza esa energía, no solo se enfada la cara, TODO el niño es puro sentimiento, y es hermoso.

Por supuesto si queremos aceptar los sentimientos de nuestr@s hij@s, NO debemos escondernos nosotros cuando nos enfadamos, lloramos o estamos tristes. Viéndonos exteriorizar nuestros sentimientos delante de l@s niñ@s es la mejor manera de que vivan sus sentimientos como algo natural y normal desde pequeños.

Mónica Queralt Pernía.

 

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