CÓMO LLEVAR A CABO Y POTENCIAR LA EDUCACIÓN VIVA

CÓMO LLEVAR A CABO Y POTENCIAR LA EDUCACIÓN VIVA

La educación viva no es un concepto nuevo. Más bien bastante antiguo, tan antiguo como el niño mismo. Párate a pensar en cómo aprendían los niños antes de existir las escuelas, ¡porque os aseguro que aprendían y mucho!

Llamamos educación viva a esa educación que hace sentir al niño capaz de hacer, que muestra interés, que disfruta aprendiendo y que quiere aprender más y más cada día.

Al niño que se obliga a aprender lo mismo que a otros niños, al mismo momento y al mismo ritmo, no es educación viva en absoluto. ¡Ni siquiera es educación!

Educación no es meter conocimientos en la cabeza de los niños para que lo procesen como puedan y los que no puedan se queden atrás como incapaces.

La palabra educación viene del latín educere que significa “sacar” o “extraer”, es decir, hacer que el niño “saque” sus potencialidades y tenga la oportunidad de conocer de qué es capaz.

Y ya lo dice el Dr Mario Alonso Ruiz:

“Educar quiere decir sacar de dentro, no meter de fuera,

no somos cubos vacíos que hay que llenar, somos fuego que hay que encender”

LA EDUCACIÓN VIVA EN LA ESCUELA

En la educación viva el juego es la base -realmente es la base de cualquier aprendizaje- y en las escuelas tradicionales no se aprende mediante el juego. Los niños pasan la mayor parte del tiempo en un pupitre escuchando lecciones y haciendo, escribiendo, memorizando y plasmando lo que manda un adulto. Y en un corto periodo de tiempo llamado descanso, pueden jugar.

¡Evidentemente no tenemos ni idea de lo que el juego le proporciona al niño (y al adulto)!

Cuando los niños juegan, trabajan. Su cerebro conecta sensaciones, emociones, efectos, acciones…Interrumpir el juego requiere de comprensión y entendimiento y debemos darle la importancia que merece. Un “siento molestarte pero tenemos que comer” es una buena opción 🙂

Jugando se aprende más y mejor, se integran los conocimientos de una forma natural y sencilla y cuando aprendemos sin forzar todo fluye.

En esta imagen podemos ver cómo actúa la escuela tradicional a diferencia de la vida. ¿Pretendemos que los niños aprendan y disfruten en la escuela que nada tiene que ver con su vida y lo que se van a encontrar ahí fuera?

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El colegio intenta muchas veces imitar la educación viva pero no lo consigue. Mientras estén los niños sentados en sillas sin poder acceder a sus inquietudes ni poder moverse libremente, la escuela nunca será la mejor opción de aprendizaje y mucho menos en lo que a educación viva se refiere…

LA EDUCACIÓN VIVA EN CASA

También está íntimamente relacionada con la forma en la que gestionamos los conflictos en familia, en cómo nos dirigimos a nuestros hijos para explicarle lo que no nos parece correcto, lo que es peligroso o lo que esperamos de ellos.

Los castigos (físicos o no) y amenazas no tienen cabida en la educación viva, ya que ésta respeta al niño en todas sus vertientes: emocionalmente, en sus conductas y comportamientos, en sus ritmos de desarrollo, en sus intereses…

La educación viva ocurre sin querer, mientras vives.

Podemos aplicarla en el hogar cada día en todo momento. Por ejemplo, cuando queremos que recojan su habitación siempre obtendremos mejores resultados si lo hacemos mediante un juego. Y no solo eso sino que el niño estará más receptivo emocionalmente a participar.

En este enlace te enseño como hacer partícipe al niño en la gestión del hogar.

Otra manera más sutil pero con gran poder y que cada día mostramos es el ejemplo, una vez más la mejor forma de aprendizaje. La imitación hacia los adultos se integra profundamente, lo que hagamos y digamos será tenido en cuenta por el niño (si mamá y papá lo hacen así, será lo que debo hacer yo) en cada paso que dé.

Evidentemente en la educación viva hay un gran lugar para el amor, el contacto visual y físico, los mimos, las palabras bonitas y de aliento, la comprensión y la empatía -¿cómo te gustaría ser tratado?- y en un hogar sin estos requisitos la educación viva cojea.

Por esta razón las guarderías siguen siendo una opción poco adecuada para quien pueda permitirse tener a los niños en casa, ya que este tipo de educación debe ir acompañada de un adulto que, desplazado para no entorpecer, revisa y apoya al niño en sus aprendizajes. Aquí te lo explico mejor

LA EDUCACIÓN VIVA FUERA DE CASA

Puede que pienses que sin juguetes los niños no pueden jugar. Nada más lejos de la verdad. Precisamente el niño sin juguetes busca la forma de crear los suyos.

Piensa una cosa: cuanto menos haga un juguete mas hará el niño.

Y aquí entra en juego un valioso aliado del niño: el aburrimiento. Este gran desconocido que incomoda al adulto pero permite al niño desplegar sus alas a la imaginación. Un niño aburrido es un creador en potencia. El aburrimiento es el detonante, es el principio de la creación de cualquier cosa.

Deja a tu hijo en un campo abierto y en cuestión de minutos habrá encontrado la forma de aprender jugando. Recogiendo piedras, hojas, palos, observando insectos… Y ahí entramos los adultos, proponiendo contar las piedras, apilando los palos enseñando como la física los hace caer, explicando la importancia del respeto por la naturaleza y su entorno, poniendo énfasis en el precioso insecto que ha encontrado y en como lo dejas libre para enseñar  el valor de la libertad…y un sinfín de opciones.

Los juegos y juguetes hechos con materiales reciclados o de materiales de la naturaleza ¡son una fantástica opción! Pero no olvidemos los objetos con los que convive el niño en su hogar, igual de importantes: una fiambrera, un zapato, una pelota…

Con artículos que no tienen ningún interés para el adulto, el niño juega y potencia las inteligencias múltiples.

Jordi Mateu (educador y psicolingüista) dice:

“El niño debe vivir y, como consecuencia, aprender; no al revés”

Esto, queridas familias, son huevos de renacuajo que estudiamos con mi hija. Fuimos al campo, vimos un estanque, recogimos los huevos para observarlos y al llegar a casa buscamos información sobre los mismos. Han pasado 3 años y aún lo recuerda como si fuera ayer. Su aprendizaje fue tan natural, divertido e interesado que nunca olvidará esta lección.

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Así es como aprenden los niños, sin darse cuenta.

¡Y no solo aplicable a los niños! Los adultos aprendemos exactamente igual. El ser humano aprende mejor cuando no se da cuenta de que está aprendiendo. Curioso, ¿verdad?

La clave está en acompañar los procesos de vida de los niños y esta tarea es más fácil y amena que intentar enseñar algo a un niño desde un punto de vista superior o pensando que los adultos enseñamos y los niños aprenden.

Tal vez no nos hayamos hecho la pregunta adecuada todo este tiempo:

¿QUÉ NECESITA UN NIÑO?

Nos preocupamos por su futuro y deducimos que sin una educación escolar o universitaria no serán nada en la vida y con ese argumento mantienen en segundo plano la verdadera educación, la educación para la vida, para ser feliz.

¿Y sabéis que pasa cuándo un niño crece y se desarrolla en un entorno en el que es feliz que lo comprende y acompaña? Pues que es capaz de todo y de adulto sabrá como buscarse la vida perfectamente.

Un niño no necesita asegurarse un lugar en una empresa, necesita estar seguro de que, si quiere montar una, puede.

Mo Queralt

 

 

 

LOS 5 GRANDES ALIADOS EN LA SALUD DE LOS NIÑOS

LOS 5 GRANDES ALIADOS EN LA SALUD DE LOS NIÑOS

Cuando se nos ponen malitos los hijos, sobre todo por primera vez, experimentamos la preocupación y miedo más profundos. Deseamos que pase rápido y queremos volver a ver a nuestros hijos activos, comiendo y sonrientes.

Pero si nos informamos un poco más y aprendemos a conocer la función de estos síntomas o situaciones de malestar, conviviremos con las enfermedades de una forma más calmada y relajada.

Si conocemos el porqué ocurre podremos observar a nuestros hijos decaídos y con esa actitud triste con otros ojos: el ver como necesario ese proceso que hará que se hagan más fuertes y resistentes en un futuro.

Hay varias causas que queremos erradicar nada más notarlas o verlas, pero no debemos obsesionarnos con ello, ya que esos procesos protegen al niño de “intrusos” o patógenos (elemento que produce enfermedad).

Vamos a presentar a los grandes aliados de los niños cuando se enferman o se van a poner malitos:

  1. La fiebre

Nos cuesta aún ver la fiebre como una aliada. Vemos a nuestros hijos pasarlo mal o estar decaídos y no nos gusta. Pero la fiebre es una gran amiga! Sin ella, varias enfermedades harían mella en las personas. Nos avisa de que algo está intentando afectar al cuerpo y sube la temperatura para no permitirle campar a sus anchas.

Además la fiebre provoca un pico de crecimiento, estimula la hormona del crecimiento. Cuando tienen fiebre se detiene su crecimiento, pero en cuanto se sana se recupera esa parada y hacen un “estirón”, acelerándose el crecimiento y compensando lo que no ha crecido mientras estaba con fiebre.

No debemos bajarla si no es necesario o si no es muy alta. Debemos permitir que cumpla su función. No son aconsejables los paños húmedos, las duchas o baños ni las friegas de alcohol, nos arriesgamos a una subida súbita de la fiebre.

El cuerpo sube la temperatura para frenar el patógeno, si ve que la temperatura baja (baños, paños…) intenta subirla mucho más, por esta razón tampoco la bajaremos con antitérmicos vía oral si no es necesario.

El mejor antitérmico es hacer piel con piel con tu hijo.

A veces acaban por pasar alguna gripe o constipado y otras veces la fiebre consigue combatirlo. En ambos casos el niño gana al superarlo y se hace más fuerte para la próxima.

  1. Los mocos

Recogen los patógenos y los expulsan por la nariz. Sin los mocos nos enfermaríamos mucho más. Las limpiezas nasales con suero y agua de mar irán de maravilla para descongestionar y permitir que el niño respire mejor, pero no es aconsejable limpiar demasiado, el moco tiene una función importante: refuerza el sistema inmunológico, incluso cuando los niños lo consumen! Aquí puedes leerlo

  1. La tos

Molesta, si, pero muy necesaria. A través de la tos se eliminan patógenos que podrían enfermar el cuerpo. No debemos intentar frenarla a no ser que no le permita al niño llevar una vida normal, si va tosiendo y puede dormir por las noches, ayudamos con jugo de cebolla hervida y que vaya bebiendo.

Si constatamos una tos que dura muchos días o nos da la sensación de que el niño lo pasa mal, podemos consultar y paliar la tos, pero nunca con el objetivo de eliminarla, sino suavizarla para que siga expulsando patógenos.

  1. Piel con piel.

El poder de las caricias y lo que llega a hacer el piel con piel es impresionante. El Doctor Mc Kenna nos cuenta en su estudio como el niño regula la tensión, el ritmo cardíaco, la temperatura y la respiración. Por eso dormir con los bebés o niños solo tiene ventajas a nivel de salud. Pero sobre el tema que tratamos: para regular la fiebre.

Es rápido y seguro y sin rebote de temperatura, a ti te subirá un poco y a él le bajará.

  1. Tu actitud.

El adulto y la forma en la que gestione sus emociones y sentimientos será la clave para ayudar al niño a sentirse mejor o peor. La calma, la tranquilidad, la serenidad que podamos transmitir enseñará al niño que la enfermedad es un proceso normal y necesario de vez en cuando para reforzarnos y desarrollarnos.

Es normal sentirse preocupado por su estado, pero esa preocupación no ayudará en su cura. Podemos seguir de buen humor y aprender un poco de los niños, que muchos van correteando por la casa tan felices con 38,5 de fiebre!

¿Cómo se comporta un niño enfermo y como acompañarle en el proceso?

Vamos a pasar a la parte emocional, ya sabéis lo que me gusta a mi hablar del tema y lo importante que es gestionarlo correctamente para que un niño sea un adulto asertivo, calmado y propenso a la salud mental y física.

Para paliar el malestar de los niños los cuidamos de una forma muy especial, pero siempre debemos hacerlo desde la naturalidad y normalidad, sin exagerar los males ni dramatizar la situación.

De ese modo los niños verán una enfermedad como un proceso de recogimiento y descanso que pasará. Si observan en los adultos demasiada atención pueden fingir estar enfermos para ser atendidos en otros momentos.

No digo que sea negativo, ni mucho menos! Pero en ese caso es importante descubrir porque nuestro niño necesita “ponerse enfermo” para hacerle caso, que le ocurre o que le falta, que le ha pasado en el colegio, etc.

El niño te demandara más pecho o contacto.

Te necesita más que nunca, ya que no solo se asegura atención y cuidados sino que tú presencia y contacto le proporciona una seguridad emocional que ayudará a superar la enfermedad.

No menospreciemos su dolor o molestia con frases del tipo “no te pasa nada, no es para tanto, venga que ya estás curado…”, solo hace falta un poco de empatía y ponerse en su lugar, a nadie le gusta que le hablen así cuando está enfermo!

Exigid estar con él si tenéis que acudir al hospital, en cualquier prueba, análisis, etc. que se haga, estáis en vuestro derecho. Tal vez os comenten que es protocolo del hospital no dejar entrar a los padres a según qué, pero solo es eso, un protocolo.

Como padres podéis y debéis estar a su lado y acompañarles en todo el proceso.

Cuando los niños se enferman se intensifican las emociones, y por defecto las tuyas también. El apego de no separarse a un metro de ti, querer pecho en todo momento o querer dormir con vosotros (si ya duerme solo), no tener apetito, estar tristes, apáticos, apagados…

La paciencia será primordial para superar esta etapa y resurgir nuevamente para prepararnos para la siguiente y mostrar a nuestros hijos que ponerse malito es como el invierno de las estaciones: para volver a florecer el cuerpo necesita un estado de calma latente y recogimiento que solo puede conseguir poniéndose enfermo de vez en cuando. Y no olvidemos que los niños enfermos nos demandaran más porqué (sobretodo las madres) somos parte de su curación.

Mo Queralt

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