INCOHERENCIAS COHERENTES EN LA CRIANZA

INCOHERENCIAS COHERENTES EN LA CRIANZA

Hay una seria de factores que influyen en el desarrollo de las personas. Muchos de ellos tienen que ver con la maduración, es decir, no se pueden enseñar. Y tratándose de niños, que ocurran naturalmente, sin forzar, tiene una relevancia vital.

Permitir el ritmo del niño definirá su futuro a corto y largo plazo

Si entendemos y conocemos estos factores la crianza será mucho más fácil a todos los niveles, porque nos relajaremos al normalizarlos.

Por eso mismo no sería correcto hablar de incoherencia ya que, para el niño, todo tiene coherencia mientras se desarrolla (evidentemente si no existe nada fuera de lo considera normal)

1. Tener dependencia para pasar a la independencia

Cada vez lo entendemos más, cada vez más familias saben que no existe una independencia del niño saludable y normal sin haber pasado antes por un estado de dependencia hacia la figura de apego (que suele ser la madre) durante los primeros años.

Si no forzamos, si permitimos que el niño se apegue y esté cerca de nosotros el tiempo que necesite, se irá alejando hacia una independencia sana. En este artículo te lo explico mucho mejor.

2. El sueño en compañía para aprender a dormir solo

No queda otra, dormir en paz, sentirse seguro, confiado, protegido, enseña a dormir en soledad. Obligar a un bebé (que llora cuando le dejamos solo, que busca y necesita a su madre, su calor, contacto y vínculo y es ignorado) a dormir solo, sólo trae problemas a la larga. Ya hay testimonios que afirman ir al psicólogo por problemas de sueño por haber utilizado con ellos métodos conductistas para aprender a dormir solos. Aquí te lo cuento con más detalle.

3. Comer con las manos para saber comer con cubiertos

¿Cómo pretendemos aprender a trabajar la madera sin tocarla, sin olerla, sin conocer el tacto, las texturas…? Poder tocar, oler y probar nos lleva a desarrollar partes del cerebro que se construyen para el futuro. Jugar con la comida, tirarla, espachurrarla, escupirla, etc. es, a falta de una palabra mejor,  educativo. En este artículo te explico el método que tiene en cuenta todo esto y más

4. Tener apego por cosas para aprender desapego.

Si permitimos que el ego se desarrolle, sin censurarlo, sin reprimirlo, ocurre el siguiente paso: el desapego. Que un niño sea egoísta es normal y preferible, deben apegarse a sus pertenencias para saber lo que supone dejarlas ir. Y mientras tanto el adulto da ejemplo de desapego, porque seamos realistas, nos cuesta desprendernos o dejar según que cosas a los demás: el coche al vecino, la tarjeta de crédito, nuestro móvil a un desconocido…¿o no?

5. No controlar las emociones para aprender a controlarlas.

Para conocer algo debemos vivirlo, experimentarlo y cuánto más experimentemos más autocontrol aprenderemos. Con la experiencia aprendemos a controlar. Por esa misma razón no podemos pretender que un niño controle una rabieta si antes no sabe lo que es, cómo le hace sentir, si no se ha metido de lleno y se ha “conocido”. En este artículo te enseño cómo se gestiona.

En definitiva, si entendemos que estos procesos tienen su tiempo, que deben ocurrir si o si, todo se vuelve más ameno y fácil. Si intentamos evitarlos o reprimirlos haciendo sentir mal al niño por exteriorizarlos solo complicaría las cosas.

Los niños tienen mucho que enseñarnos y tener paciencia con ellos para que puedan vivir esas experiencias que harán de él un niño con o sin problemas de adulto, es nuestro legado como (pa)madres.

¿Conoces alguno más?

Mo Queralt

GESTIONAMOS MAL LAS EMOCIONES DE LOS NIÑOS

GESTIONAMOS MAL LAS EMOCIONES DE LOS NIÑOS

Si no os lo creéis, ¡seguid leyendo! Porque se gestionan muy mal las emociones de los niños, o peor, muchas veces ni se gestionan ya que, directamente no se atiende la emoción, ignorándola.

Cuando los niños están contentos, son “buenos” y obedecen no hay problema, pero en cuanto sacan las emociones que no nos gustan, las emociones desagradables (enfado y frustración, tristeza y lloro…) los padres se transforman y sacan lo peor de ellos mismos y en lugar de mantener la calma, se unen a su disgusto y empeoran la situación.

Como seres humanos sociales revivimos lo aprendido y no tenemos recursos ni herramientas para trabajar con los sentimientos y emociones propias y de los demás. En definitiva tenemos una inteligencia emocional bastante baja.

Si ya nos cuesta a los adultos descubrirnos y aprender de nosotros mismos, ¿cómo no va a costarnos encargarnos de las emociones de nuestros hijos?

¿Cuáles son las consecuencias de gestionar mal las emociones?

  1. Los niños lo harán igual de mal o peor de adultos. Lo que ven es lo que aprenden y aunque durante su vida vayan aprendiendo nuevas formas más saludables de gestionar las emociones, siempre deberá haber un trabajo previo de desaprendizaje. Y eso si ocurre, porque también deben haber ganas de cambiar y reconocimiento de que las emociones tienen que ser acompañadas. Y muchas familias creen que hacen bien dejando llorar a sus hijos solos o corrigiéndoles si se enfadan.
  1. Se crean traumas. A nivel psicológico ocurren muchas cosas, entre ellas el creer que es correcto ignorar o corregir las emociones desagradables, sin tener en cuenta más opciones. En definitiva, normalizamos esa forma de hacer.
  1. Una adultez muy complicada. Cuando censuramos o atacamos la emociones como si fueran malas y tuvieran que erradicarse ocurre lo siguiente: el niño crece moldeando el cerebro y le afectará en varias situaciones en su vida, como en la toma de decisiones, la tolerancia al estrés, la necesidad de enfadarse para “sacar”(provocando situaciones para estallar)…

Muchísimos padres no son nada empáticos con los niños, no dan importancia a sus problemas porque los comparan con los suyos y los lleva a frases del tipo: no llores que no pasa nada, eso no es nada, eso no duele, si lloras no te doy…, te quito…, no te llevo a…, si lloras nos vamos…, mira que feo estás llorando, no llores o…., si te enfadas…, las niñas no se enfadan, los niños no lloran…

Todas ellas complican la situación, siempre. Nunca ayudan en nada ni educan un ápice a los niños.

Las frases prohibidas

Aquí van frases reales que escucho demasiado a menudo, de hecho las oigo en un porciento mayor (bastante más mayor) a las frases positivas:

– No llores. No te enfades. Que es lo mismo que decir “no sientas”, que enfadarse es malo, está mal visto.

– Cómetelo todo. No es una frase sobre gestionar emociones a primera vista, pero tiene mucha relación. Alabar a un niño para que compita a comérselo todo consigue que coma sin hambre y que coma solo para satisfacer a sus padres, no a sí mismo, de este modo deja de escuchar sus necesidades. Además si llenamos el plato demasiado y no se lo acaba provocamos sentimiento de frustración que lleva a creer que no son capaces de conseguir hacer felices a sus padres. Y este, señores y señoras, no es el objetivo de la educación. Provocamos frustración, poca tolerancia a la misma y sentimiento de culpa.

– Me pones nervioso. Es muy injusto culpar a los niños de nuestro estado de ánimo, ya que no depende de la conducta en sí, sino de quien la vea. Sería más correcto decir “Me pongo nervioso”.

– En general las frases en forma de amenazas, sarcasmos, ironías (como las nombradas antes) no funcionan, además de no ser entendidas por los niños. Las amenazas solo frenan la conducta del niño por momentos pero no educa ni enseña para la próxima, es un recurso cruel y nada efectivo.

¿De qué dependerá como gestionemos las emociones de nuestros niños?

– De nuestro estado de ánimo. No veremos con los mismos ojos una rabieta en el súper si vamos con prisas, cargad@s con la compra, etc. que si estamos de buen humor, tranquilos y descansados. Evidente, ¿no?

– De nuestra paciencia

Dependiendo de nuestro carácter o personalidad tendremos una tolerancia al estrés más alta o más baja. Hay padres muy pacientes con niños muy demandantes y padres menos pacientes con los niños igual de demandantes, o padres con un hijo muy tranquilo y un segundo más demandante con el que descubren hasta donde llega la paciencia.

– De nuestro cansancio del día

Las emociones desagradables se gestionan peor al final de día, cuando ya hemos trabajado, estamos cansados y toca rutina de duchas, cena, cuento…

– De cómo nos criaron nuestros padres

Cómo nos educaron condicionará cómo educamos, sin duda. Para bien (yo no quiero educar como mis padres porque me pegaban) o para mal (yo pego a mis hijos porque mis padres me pegaban y he salido bien).

Preguntémonos algo: ¿Cuál es el objetivo de corregir a los niños, reñirlos, ponerles rutinas, incluso cuando castigamos? Cuando intentamos educar el objetivo es el mismo: que aprendan y sean buenas personas, que mejoren su vida, no hacértela a ti más fácil. Porqué si fuera así, si el objetivo es vivir mejor nosotros sin importarnos el futuro de nuestros hijos, la humanidad no tendría razón de ser.

No es suficiente con decir no pegues, no muerdas, eso no se hace, no toques, para de hacer eso… Porque todo esto está vacío de significado, no aporta nada al niño, no le educa, no le enseña lo que SI debe hacer, no le enseña qué se espera de ellos: que sean buenas personas, que sean respetuosos. Por eso siempre será más educativo decir “trata bien a tu padre” en lugar de “no muerdas a tu padre”.

Además cargamos al niño de culpa, no le hacemos responsable de sus actos, le hacemos culpable y de este modo creerá que es mala persona, por lo tanto acabará actuando como tal.

Tenemos que saber que los niños a edades tempranas o cuando aún no pueden hablar o hacerse entender, expresan sus deseos, lo que quieren y desean, con conductas y emociones, por ejemplo si no quieren pintar más pueden tirar todo al suelo. Ahí debemos aprovechar el momento y vincular al niño a sus emociones, preguntarle “¿estás cansado?” o decirle “veo que estás cansado, vamos a…” para que empiece a reconocerse y descubrirse, aprenda sus emociones y qué le llevan a hacer, validarlas y ponerles nombre para las próximas veces.

Como no se sabe acompañar una emoción desagradable (porque nos irrita, vemos sufrir al niño, etc.) en la mayoría de los casos, actuamos de forma incorrecta para intentar educar, como por ejemplo:

– Hacer pedir perdón cuando el niño le hace algo a alguien.

Esa manía tan dañina para el niño está a la orden del día “pídele perdón y dale un beso”. Eso solo enseña a no ser sincero, a actuar para tener el reconocimiento del adulto pero no saben porqué piden perdón. ¿Cómo lo hacemos entonces? Pues formulando las tres preguntas clave: 1. ¿Te gustaría a ti ese trato?, 2. ¿Crees que le gusta a esa persona ese trato? Y 3. ¿Qué podríamos hacer para hacer sentir mejor a esa persona a la que hemos dañado?

 

– Que den las gracias.

Os parecerá demasiado sencillo pero la única forma de tener hijos agradecidos es ser agradecidos con ellos. Dar las gracias por todo lo que se quiera agradecer, por su ayuda, su apoyo en algo, etc. Y ocurre la magia…el niño aprende a dar las gracias por todo. Prueba y me dices.

– Pedir las cosas por favor

No tiene truco, más de lo mismo. En definitiva es dar ejemplo, que parece fácil pero no lo es tanto, ¿verdad?

Te dejo artículos relacionados con el tema para darte más luz, seguro te ayudan!

Lo que nunca les digo a mis hijos

De la indiferencia al maltrato

Las 10 claves imprescindible para gestionar una rabieta

 

Mo Queralt

 

 

¿POR QUÉ LLORAN LOS BEBÉS Y CÓMO EVITARLO?

¿POR QUÉ LLORAN LOS BEBÉS Y CÓMO EVITARLO?

El lloro es la única forma de comunicarse que tiene un bebé. Aun así podemos prevenir su lloro o evitar que llore excesivamente, atiendiendo lo más rápido posible la llamada de atención y anticipándonos. Para empezar los bebés lloran por varios motivos:

Por hambre o sed

El bebé demanda leche mediante varios signos, como meterse las manos en la boca, sacar la lengua, ladear la cabeza de un lado a otro…y cuando esas señales nos pasan por alto, el bebé recurre al llanto, ya que no puede decirnos “Oye! QUE TENGO HAMBRE HACE RATO!”. Si observamos estas señales podemos anticiparnos y conseguir que el bebé coma más relajado y tranquilo. En este caso, evitamos el lloro dando de comer un poco antes de que se desencadene. Por lo tanto que lloren por hambre es innecesario.

Por sueño

Cuando el bebé tiene sueño y no puede dormirse por sí solo, llora. No tiene más forma de hacérnoslo saber. Normalmente, los bebés porteados, en contínuo movimento con los padres, cerca de ellos, etc. lloran menos, muchísimo menos, ya que tienen lo que necesitan sin necesidad de pedirlo. Al igual que el adulto, el bebé quiere sentirse cómodo para dormir, necesita cierta postura, que nada le moleste (etiquetas de la ropa, botones…) y sentir que está protegido y seguro. Este tipo de lloro no podemos evitarlo muchas veces, ya que nos dice qué necesita el bebé y cómo lo necesita para dormir. De esta forma iremos conociendo sus necesidades, los movimientos, la forma de portear o de llevar en el carrito, cuánto taparlo…para ir evitando el lloro con el tiempo en cuanto a sueño se refiere.

Por estar incómodos

Como comento más arriba, la comodidad de la ropa, la temperatura, las posturas, etc. pueden dificultar el descanso del bebé, por lo tanto, cuando sienta que no está bien, llorará y los adultos deberemos aprender a evitar esas incomodidades que el bebé por sí solo sería incapaz de modificar.

Por estar sucios

Un bebé con el pañal lleno o sucio puede llorar. Muchos no lo hacen, pero cuando llora un bebé siempre debemos comprobar que todas sus necesidades esten cubiertas y cambiar el pañal es fácil y nos ayuda a descartar un motivo de llanto.

Por dolor

Este lloro es de los más duros para los padres y para los bebés, ya que no podemos evitarlo hasta que encontremos la causa y aun así no tiene porque remitir el dolor hasta que se palie. Además se une a que el bebé no puede decirnos qué le duele ni dónde. El pediatra puede guiarnos y facilitar algún remedio, pero hasta entonces nuestro bebé deberá ser atentido y acompañado en ese dolor o malestar que no le permite estar tranquilo y relajado.

Por frustración

¿Cuántas veces has visto llorar a un niño porque se le ha caído un helado o porque se desmonta su torre de cubos? La frustración que viene natural y además acompañada del adulto para ofrecer empatía y cariño, es una de las mejores formas de aprender autocontrol de esta emoción, ya que no viene provocada por nadie, sino por la vida misma.

Por exceso de estímulos

Es fácil sobreestimular a un bebé: llevándolo mirando hacia delante en el porteo (totalmente contraproducente) ya que no puede girar la cabeza para evitar el estímulo, ofreciendo continuamente juegos con mezclas de estímulos visuales, auditivos y táctiles (música, colores…), con las pantallas de cualquier tipo (televisión, tablet, móvil…). Cuando el bebé siente que su cerebro no puede gestionar todo esto se desborda y rompe en llanto para eliminar el exceso de estrés y tensión neuropsicológica.

Por falta de estímulos

Parecerá una tontería, pero los bebés lloran por aburrimiento. Un bebé que lleva una vida de muchas horas al día en un parque de esos que tenemos en casa lleno de juguetes, está totalmente falto de estímulos, ya que los juguetes enseguida perderán el interés y el sentido de exploración que tienen les hará querer salir de ahí. Y lo pedirán llorando, una vez más la única forma que tiene de decir “me aburroooooo”.

Por necesidad de afecto, apego y contacto

Una de las necesidades más importantes. Y ocurre que de repente sin ningún motivo aparente -motivo para ti porque para el bebé sí lo tiene- te pide brazos, ya que cuando lo coges se calla y tu te preguntas: ¡qué raro! He estado con él todo el día, está limpio, acaba de dormir y de comer, o sea tiene sus necesidades cubiertas, ¿por qué querrá tanto brazo? Pues aquí viene una revelación señoras y señores: la necesidad de contacto, apego y afecto no se sabe cuando está cubierta. Esta necesidad se llena como una cubeta, que tiene un pequeño agujero en el fondo. Tu coges a tu peque y se va llenando la cubeta, cuando dejas al niño solo (separado de ti relativamente), la cubeta va perdiendo y se va vaciando. Cada cubeta de cada bebé tiene el agujero más grande o más pequeño, unos necesitan más a menudo estar cerca o en contacto directo con sus padres o figura de apego y otros un poco menos. Lo que está claro es que el bebé que se pasa todo el tiempo posible con esa figura de apego, llora menos.

¿Conocéis la angustia de separación? Una razón más añadida para llorar por querer sentirse seguro cerca de su figura de apego. Más abajo te dejo un artículo explicándola, ya que el lloro suele ver más explosivo e intenso en esa etapa.

 

 

¿Por qué es tan importante el lloro?

Bueno, como hemos dicho, cuando nacen solo pueden comunicarse así, de hecho hasta que pueden hablar o hacer gestos que nos expliquen cosas, que muchas veces tampoco entenderemos hasta que los bebés -y no tan bebés- cojan más práctica con su motricidad.

Por otro lado que el lloro sea necesario no quiere decir que sea necesario que lloren. Yo puedo salir corriendo si veo un peligro, estoy anatómicamente hecha para ello, pero si tuviera de correr cada día delante de un dinosaurio acabaríamos yo por agotarme y él por comerme enterita. El lloro hace lo mismo con el bebé: si llora excesivamente sin ser atendido y de forma contínua, conseguiremos que el cortisol inunde su cerebro y marque de por vida una baja tolerancia al estrés en la adultez, entre otras muchas cosas bastante aterradoras…  

El lloro es una forma de supervivencia y existe para ser atendida SIEMPRE. Y atendida no es necesariamente evitada. Atendida es ESTAR AHÍ. Acompañar al bebé o niño durante el proceso de llanto o de exteriorización de la emoción. Más abajo te dejo un artículo con la diferencia entre dejar llorar y permitir llorar a un bebé o niño.

También es verdad que hay familias (sobre todo madres o la principal figura de apego) que reconocen el llanto de sus bebés y saben identificar porqué causa lloran, y se anticipan perfectamente a esa necesidad y a cubrirla lo antes posible.

 

¿Cuando empieza el lloro a ser un problema?

El problema empieza cuando lo vemos como un problema. Nos angustiamos al ver al bebé “sufrir”, pensamos que dejarle llorar puede ayudar a que deje de llorar (que forma más curiosa y horrible de gestionar el lloro), los demás nos aconsejan sobre el tema -como si fueran unos grandes expertos en lloros de bebés y sus porqués- sin ningún tipo de fundamento más que su propia experiencia. Y así vamos perpetuando unas creencias en torno al llanto del bebé que mucho dejan que desear sobre lo que es cierto.

Seamos más intuitivos y pensemos cómo nos gustaría a nosotros que nos trataran cuando lloramos, tal vez nos demos cuenta de una cosa muy triste y es que tratamos mejor a los adultos que lloran que a los bebés. Reflexionemos sobre ello…

 

Enlace del artículo La angustia de separación de los bebés y niños

Enlace del artículo La diferencia entre dejar llorar y permitir llorar

LA IMPORTANCIA DE DEJAR ELEGIR A LOS NIÑOS

LA IMPORTANCIA DE DEJAR ELEGIR A LOS NIÑOS

Mis hijos eligen qué ropa ponerse desde los dos años. Muchos pensaréis que qué barbaridad, dejar salir a la calle o ir a la escuela con ropa que el niño no sabe ni si va conjuntado, si hace frío o calor, etc. ¡Os sorprendería ver los estilos y sentidos del gusto de los niños si se les permitiera elegir cómo vestirse!

Para empezar lo de ir conjuntado es muy relativo. Cada uno pensará que el otro no va conjuntado, o que los colores no pegan o que no se puede ir disfrazado de spiderman a la escuela (mi hija lo hizo hace dos años), pero no creo que tú te vistas como tu vecina o hermana y podrías pensar que no se visten bien los otros. Así que en cuestión de gustos por la ropa no tenemos excusa para permitir a los niños ir a su estilo.

Muchas otras familias me dicen que los niños no saben distinguir si afuera hace frío o calor y podrían no salir a la calle adecuadamente, pero siempre podemos “ayudar” dejando solo en su armario la ropa adecuada, por ejemplo, los abrigos en verano no deberían estar a su alcance y si lo están, tal vez sería interesante observar cuánto tiempo llevaría abrigo un niño en pleno verano en la calle.

Os voy a mostrar las elecciones que permito en mis hijos, que les vuelven increíblemente coherentes con el tiempo, eleva su autoestima, su confianza y promueve la seguridad en ellos mismos en un futuro nada lejano, además serán capaces de mostrar sus elecciones a los demás, defendiéndolas.

Elegir qué y cuánto comer 

No lo veáis como arma de doble filo. Se trata de educar a los niños en ello. Por ejemplo, si en casa solo hay comida (con comida me refiero a que no haya procesados, dulces y otros “alimentos” que prefiera) pues elegirá comida. “¡Pero es que yo quiero que coma fruta!” Bien, pues déjale elegir entre 5 frutas para almorzar.

Ya estás permitiendo una elección propia y tu consigues que coma fruta. Con la cantidad lo mismo. Yo creo que es sagrado no forzar jamás de los jamases a un niño a comer. Ellos y solo ellos saben cuando están saciados y lo que necesitan para estar en un peso saludable.

En este artículo sobre “Baby Led Weaning o alimentación autoregulada por el bebé” te lo explico un poco.

Elegir cuando dormir

Evidentemente teniendo en cuenta las señales de sueño cuando son bebés, permitiendo sus siestas y no intentando mantenerlos despiertos “para que duerman más de noche”, que por cierto es un mito.

Y para los niños más mayores no dejando que deambulen por casa hasta caer rendidos. En definitiva tener respeto por su descanso en cada etapa.

Aquí te dejo un artículo sobre “El sueño saludable del bebé

Elegir con quién dormir

Los niños se van de la cama de los padres a cierta edad. Todos y cada uno de los padres que han permitido a sus hijos dormir con ellos hasta que los niños han querido, lo saben. Aún no se ha demostrado (ni se demostrará) que qué las personas duerman con otras personas sea perjudicial en algún aspecto durante toda nuestra vida a cualquier edad. Dormir es dormir, compartir la cama solo nos hace sentir más seguros y confiados.

Elegir a quien dar afecto

Obligar a un niño a dar afecto es el primer paso para que crea que a los adultos se les debe dar afecto si lo piden si o si, no quieras saber a dónde puede llevar eso. El niño debe poder elegir a quién le da un beso o un abrazo o una caricia, de esta forma será sincera, real, no forzada. No deseo crear niños que finjan sus sentimientos.

Elegir cuando aprender 

Entre otras cosas a leer o a escribir. Puedo asegurarte que lo va a desear algún día. Unos a los 5 años y otros a los 9 años. Pero todo niño desea aprender. Si forzamos e intentamos que aprendan a los 3 años sin ver interés ni intención en el niño estamos perdiendo un tiempo muy valioso para él.

Cuando lo necesite, lo querrá aprender y a la velocidad que lo hace ¡te asustará!

Elegir como será su habitación 

Qué mejor manera de sentirse bien en un sitio que creándolo tú mismo. Si permitimos que el niño cree su espacio, su intimidad, elija la decoración, los colores…querrá estar ahí, se sentirá a gusto.

Es el primer paso para invitar a los niños a irse a su cama si siguen durmiendo en la de los padres. ¿Por qué no permitir que pinten o dibujen en las paredes de su habitación?

Elegir equivocarse 

Qué manía tenemos los adultos en no dejar que los niños se equivoquen. Les vemos ahí, concentrados intentando meter una pieza en un encaje y ahí estamos nosotros, observando cuánto tarda. Y si tarda “demasiado” le ayudamos y le hacemos el trabajo, la mayoría de veces sin que nos hayan pedido ayuda.

¿Cómo va a aprender nadie nada si no se equivoca?

Elegir su propia ropa o imagen 

Claro que voy a condicionar a mi hija de 7 años si quiere ponerse un zapato de cada, porque puede ir incómoda todo el día. Y le explicaré el porqué yo no se lo recomiendo. Pero puede ir con un calcetín de cada, o con un jersey verde con pantalones rojos. Eso es cosa suya.

En 7 años no había ido nunca a la peluquería, le iba cortando yo las puntitas muy de vez en cuando. Un buen día me dijo que quería cortarse el pelo hasta el hombro y teñirse las puntas de naranja. ¡Todo un cambio! Le expliqué qué suponía teñirse y accedí a su petición.

Mucha gente cuando la ve vestida a su modo le dice cosas, pero a ella le da igual (una de las ventajas de dejar que elija desde pequeña). Y ahí va, encontrando su propio estilo e imagen.

Mi hijo con 2 años me pide a veces ponerse tres jerséis de manda larga a la vez, uno encima del otro. Le encanta la ropa. Yo le explico que eso le dará calor y estará incómodo, pero allá él. ¡Poco dura con los tres jerséis puestos! Él mismo ya me pide quitárselos en un rato. Pero lo ha aprendido él solito eso. Y para mí, este aprendizaje de ensayo-error no tiene ningún precio.

En definitiva, cometer errores, aprender de las consecuencias de elegir un camino u otro, una fruta u otra, enseña a aprender, para la próxima elección que se tome sea más consciente, más pensada, procurando en un futuro no cometer dicho error.

Los niños a los que no se les permite elegir, pueden tener problemas de adultos para conocer las consecuencias de sus actos y no aprenden, toman decisiones equivocadas que vuelven repetir nuevamente.

La toma de decisiones, tan simple como elegir una fruta entre 5, enseña al niño que tiene elección, que tiene opciones. Queremos conseguir que el niño se convierta en un adulto capaz de decir que NO a una propuesta, sea de trabajo como de pareja, si enseñamos a tomar decisiones desde muy pequeños estamos alimentando la idea de que ellos son los dueños de sus vidas y precisamente ¿qué hace “hombre” al “hombre”? Pues sus elecciones.

Mo Queralt

 

 

CÓMO ELEVAR LA AUTOESTIMA Y LA CONFIANZA DE TUS HIJOS

CÓMO ELEVAR LA AUTOESTIMA Y LA CONFIANZA DE TUS HIJOS

Los niños nacen con una gran predisposición a creer en ellos mismos y a amarse tal y como son. Nacen sin prejuicios ni ideas infundadas sobre su persona.

Pero la sociedad, los medios de comunicación, el entorno cultural, la escuela y sobretodo la familia, condicionan, destruyen o modifican lo que los niños piensan de ellos mismos, no permitiendo acciones que pueden realizar desde muy pequeños, como comer solos, subir un peldaño o a una silla.

Lo ideal sería que los padres también tuvieran una buena autoestima, ya que no podemos enseñar amor propio a nuestros hijos si no nos amamos y aceptamos a nosotros mismos.

También sabemos que depende de muchos factores que eso sea así, por eso voy a proponer hacerlo a través de juegos y ejercicios que cualquier madre, padre o familiar puede aplicar.

Pero primero vamos a entender el porqué los niños no llegan a tener una buena autoestima y confianza en ellos mismos.

¿Cómo se vuelve un niño inseguro?

Pues desde la infancia, desde el mismo momento en el que nace ya puede aprender a sentirse seguro o inseguro, todo dependerá de cómo se gestionen varias cosas: El sueño desde que es un bebé, las palabras de aliento (o lo contrario), del entorno cultural, de la escuela, de la familia más directa, los medios de comunicación, pero sobretodo del trato y contacto que tengan los padres con el niño.

Por supuesto un niño puede volverse inseguro más tarde, pero con una buena base difícilmente se deteriorará esa seguridad y confianza.

Por otro lado, una cosa es ser prudente y otra inseguro…

Sigue leyendo el artículo que escribí para el blog El collar de macarrones 

EL PAPEL DEL APEGO PARA EL DESARROLLO DEL BEBÉ Y NIÑO

EL PAPEL DEL APEGO PARA EL DESARROLLO DEL BEBÉ Y NIÑO

Mucho antes de nacer, ya se establece en la vida intrauterina lo que llamamos las modalidades de apego, pero ciertamente desde que nace el bebé es cuando el sistema de apego interacciona con el de los adultos, especialmente con el de la madre, con quien tiene un vínculo muy especial por haberse sentido mutuamente durante una media de nueve meses.

Podemos verlo en el trato que los padres tienen hacia su bebé recién nacido: como se modula la voz, el ritmo de nuestras palabras, los gestos tiernos y delicados…que representan elementos constitutivos del proceso del apego que predisponen al bebé para que se desarrollo a nivel adaptativo y emocional, incluso de la conciencia de sí mismo, ¡aun pareciendo pronto!

El bebé no tiene ni idea de cómo vivimos o nos relacionamos y cómo lo viva será vital para su desarrollo psicológico. El apego es la gran oportunidad que nos brinda la vida para crear niños sanos, queridos y respetuosos con su entorno. Toda hostilidad quedará grabada y le enseñará al niño que es así como se hacen las cosas, como se tratan a las personas. Será lo que le enseñemos, sin duda.

El gran experto en apego, John Bowlby, ya nos deleita con sus investigaciones que nos muestra la importancia de un apego sano, que no es más que estar ahí cuando el niño nos necesita, especialmente los primeros meses de su vida, que nos demandará casi en todo momento hasta que esté listo para dar un paso al frente, para separarse paulatinamente de las faldas de su madre (¡típica imagen!).

Todo se graba, todo se recuerda, inconscientemente creamos futuras relaciones saludables dependiendo de las que hayamos tenido de bebés y niños, ya que el niño estructura los comportamientos sociales sucesivos si tiene la suerte de tener a su lado a unos adultos que lo contengan y mantengan arropado y amado. Cuando hay dejadez, cuando el bebé o niño nos necesita, llorando, suplicando brazos, etc. y no atendemos esa demanda estamos provocando un proceso inadecuado, que dejará vulnerable al niño en situaciones de pérdidas y frustraciones, como consecuencia de un desarrollo de la autonomía insuficiente.

DE LA DEPENDENCIA A LA INDEPENDENCIA

Muchas familias no entienden como puede ser que un niño apegado pueda volverse independiente y autónomo. Y es que lo cierto es que ¡no puede alimentarse una autonomía e independencia sin apego! Cuando el niño se siente seguro y confiado, dará el paso. Es como el pajarito en su nido, que espera el momento oportuno y madurez adecuada para creer que ya es el momento de volar. Si lo hiciera antes de sentir que puede, ¿Qué pasaría? Pues que saldría volando torpemente hasta caer al suelo y lastimarse, muchas veces sin remedio…Eso exactamente para con los niños.

Cuando forzamos la independencia y autonomía provocamos precisamente lo contrario: creamos niños inseguros y desconfiados que nunca sabrán “volar” con destreza y seguridad.

Después de formarme en neuropsicología puede comprobar cómo se entrelazan aspectos neurológicos y vínculos afectivos, cómo existen conexiones neuronales cuando una madre (o padre) abraza a su hijo, lo mira a la cara, lo acaricia…

Cuando el bebé tiene un apego saludable desde los inicios de su vida, se verá reflejado en la vida del niño, del adolescente y más adelante en la adultez, siempre le acompañará e irá evolucionando: cuando sienta vergüenza por primera vez, o pánico por alguna experiencia, o aparezca la culpa, necesitará un mecanismo más elaborado de pensamiento, pero sin una buena base, ese adulto puede sentirse siempre perdido.

Podremos observar diferentes reacciones en el niño frente al mismo estímulo, por ejemplo imaginemos a dos niños de 2 años que van a la guardería. Viendo las relaciones con sus madres podemos identificar su relación de apego. Si el niño quiere quedarse sin rechistar, sin necesidad de despedirse, sin llorar, ya desde el primer día, debemos preguntarnos si el apego ofrecido ha sido el adecuado; ya que lo más habitual es ver como ese niño llora, desconsolado, ante la idea de perder de vista a su madre.

LOS MODELOS DE APEGO

1. Apego a lo seguro

Los niños que han tenido un buen contacto con sus padres se reúnen con cierta serenidad con ellos después de un breve periodo de separación

2. Apego ansioso y resistencia

Puede verse cierto estrés emotivo al separarse de sus padre, tiene dificultades para explorar con seguridad, se observa miedo ante la idea de separarse mientras que los padres alimentan inconscientemente esa conducta siendo muy protectores y mostrándose igual de inseguros, lo cual trasladan ese sentimiento a sus hijos.

3. Apego ansioso

Es todo lo contrario del anterior. El niño evita encontrarse con sus padres después de separarse, incluso se les puede ver más amigables con otros desconocidos pero en la guardería o escuela se muestran cerrados, aislado incluso hostiles. Este comportamiento es típico del niño con un apego de rechazo o escasamente comunicativo a nivel emotivo.

Muchos otros factores influyen en la vida de los niños, ya sea el tipo de cuidados que reciban los primeros años de su vida, los factores ambientales (escuela, relaciones con otros niños, familia…), sociales, etc. que determinarán el desarrollo de su personalidad, tanto a su autoestima, como a la seguridad en la que se moverán en la vida, como al concepto de sí mismo. Todo ello influirá en su capacidad de tomar decisiones y elegir una dirección.

“Una serie de investigaciones confirman el concepto de que una deprivación muy temprana, no teniendo el niño contacto con una única persona maternal conduce a un empobrecimiento afectivo e intelectual. Estos niños se encuentran en desventaja, con respecto a otros, en la inteligencia general, desarrollo del lenguaje, elaboración de conceptos y sobre todo en su capacidad para establecer contactos íntimos y compenetrarse con otras personas. Son inquietos, no se pueden concentrar y manifiestan una incansable búsqueda indiscriminada de cariño.”
#HansCurman #Psiquiatríainfantil #apegoinseguro

En definitiva, un niño criado con un apego seguro, puede ser un adulto seguro, solo necesitamos escuchar más al niño y menos a los demás.

Mo Queralt

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