EL ARTE DE APRENDER JUGANDO

EL ARTE DE APRENDER JUGANDO

Es difícil saber cuando empezamos a jugar los humanos, ya que en los yacimientos que se trabajan no se pueden encontrar materiales orgánicos que desaparecen o desintegran con el paso del tiempo, pero lo que sí sabemos es que los primeros juguetes registrados como tal datan de la antigua Mesopotamia hace más de 5000 años y sabemos que eran juguetes porque estaban tallados o fabricados a pequeña escala (barcos, muñecos…) También es cierto que se han llegado a encontrar piezas de piedra que con su reconstrucción han resultado ser pequeños cochecitos y otro tipo de juguetes.

Te preguntarás que tiene que ver todo esto con el juego y los juguetes actualmente. Es importante saber el origen de los juegos y juguetes para poder llegar a entender cómo jugamos en la actualidad.

El juego ha evolucionado continuamente y sigue haciéndolo ahora mismo en todo momento: empezamos a fabricar los juguetes en serie –cuando hasta entonces los fabricaba el propio niño o el adulto-, aparecen los juguetes eléctricos que supone poca intervención de niño ya que el juguete lo hace todo, aparece el plástico que disminuye los gastos y aumenta la producción de juguetes y juegos y ahora mismo todo lo virtual y las pantallas ocupan el tiempo de nuestros hijos.

¿QUÉ ES EL JUEGO?

El juego es la mejor forma de aprender por varias razones:

  • Es ejercicio físico y psicológico
  • Es un entretenimiento que ejercita capacidades, habilidades y destrezas
  • Es una actividad donde se emplea la imaginación y la creatividad
  • Es una herramienta terapéutica cuando es dirigido, para detectar patologías o dificultades en los niños
  • Es una actividad voluntaria donde la meta es la diversión
  • Es una actividad física espontanea de la cual de obtiene placer de inmediato
  • Es lo que viene después de la típica frase “me aburroooooo” y es importante permitir entonces que el niño busque formas de jugar
  • Es sinónimo de aprendizaje

Por esta última razón es por la cual no debemos menospreciar el juego de los niños y su momento, tiempo y espacio para ello. El juego debería ser:

Simbólico – Es decir, utilizar la capacidad de representación mental de un objeto y jugar con esa idea mental. En otras palabras: utilizar un objeto para otra cosa, por ejemplo una caja de zapatos puede ser un parking de cochecitos, una cuchara de madera puede ser una espada…

Funcional – Que puede utilizarlo para la vida diaria, por ejemplo una cocinita

Significativo – Es cuando relacionan el nuevo aprendizaje con lo que ya han aprendido, por ejemplo esa torre de cubos que se tambalea y acaba cayéndose; el niño cada vez la hará mejor y se le caerá menos

Heurístico – El que más me gusta, es cuando el niño aprende sin darse cuenta, cuando resuelve conflictos por medio de la creatividad, por ejemplo la típica cesta de los tesoros montessoriana.

Por ende, si el juego o juguete que tiene tu hijo ahora mismo en la mano no es nada de esto no puede considerarse un juego o juguete adecuado

¿CON QUÉ JUEGAN LOS NIÑOS?

Los niños se pasan la infancia jugando, durante ciertas edades no hacen nada más que jugar el 100% de su tiempo, todas sus acciones son juegos, pero la realidad de cada familia puede ser otra. Los niños juegan con:

– Lo que les ofrece la sociedad y la familia. Ya que ellos mismos no pueden elegir; y nos podemos encontrar con cantidad de regalos con los que luego no juegan. Además la sociedad presenta juegos y juguetes sexistas (disfraces para niñas y niños, cuentos para niñas y niños, cochecitos para niños, plancha para niñas…) y los catálogos a los que acceden nuestros hijos están plagados de discriminación de género. Se añaden los juguetes cargados de estímulos – colores con música, voces…- que sobreestimulan y no facilitan un desarrollo sano.

– Con materiales reales. Con casi cualquier objeto que tengamos por casa desde fiambreras, cucharas de madera, tapas, pinzas a trapos de cocina, etc. un buen recurso es tener un cajón de la cocina destinado a nuestro pequeño explorador con objetos seguros.

– Con la comida. El niño juega con la comida, sin duda, sobre todo si se practica la alimentación autorregulada por el bebé o Baby Led Weaning ya que lo que le supone a nivel de desarrollo cognitivo es muy grande, además estimula los sentidos –texturas, colores, sabores…-, enseña las primeras clases de física al lanzar la comida desde la trona al suelo y observar que ocurre con ella, aprenden a gestionar emociones –desde el asco a la frustración cuando no consiguen agarrar bien un alimento-, adquieren mayor gusto por la exploración, aprenden a hablar más rápido –el trabajo muscular a nivel orofaringeo que se hace no tiene precio-, permite que el niño sepa cuando está listo para empezar la alimentación complementaria –interñes por la comida, coordinación mano-ojo-boca, reflejo de extrusión…

– Con el propio cuerpo. Está demostrado que durante el embarazo el bebé ya juega con su propio cuerpo, el cordón umbilical, el líquido amniótico, etc. Además de la estimulación multisensorial tan rica que proporciona: placer, dolor, sabores, texturas, conocimeinto del propio cuerpo, diferenciación de su cuerpo y el de otros, y se motivan a explorar el mundo de les rodea con más ahínco. Permitir que el bebé esté desnudo todo el tiempo posible para permitir que se autoexplore es el principio de juego

JUEGOS NO APTO PARA ADULTOS

Hay varias formas de juego que para un adulto no lo es, o le cuesta verlo como un juego, porque al crecer perdemos ese preciado instinto de diversión y nos volvemos más serios, aun sabiendo que jugando lo aprendemos todo mejor!

Jugar con la comida. Como decía antes, comer es un juego pero ver a nuestro bebé cubierto de espaguetis no nos hace mucha gracia.

El juego simultaneo. Jugar con varios juguetes o juegos a la vez. Tenemos la manía de, cuando nuestro hijo está haciendo un puzle y quiere jugar con otra cosa, hacerle recoger antes el puzle. El juego simultaneo debe permitirse todo lo posible porque despierta la creatividad y la imaginación a niveles inimaginables. Un juego simultaneo típico en mi casa son los playmobils y la plastilina.

Jugar con objetos o cosas que no son juguetes. Jugar a pintar piedras, apilar palos para montar un fuerte…los adultos no solemos jugar como los niños y nos cuesta desprendernos de esa seriedad que no permite a la imaginación florecer.

Utilizar un juguete para una finalidad diferente para la cual fue creada. Mi hija coge rotuladores de color y se pinta el cuerpo. El rotulador es para el papel, ¿no? Pues no tiene porqué, y este solo es un ejemplo, los adultos solemos soltar frases del tipo “esto no es para jugar” y para los niños es una oportunidad de diversión y aprendizaje.

Realizar las tareas del hogar. Poner la mesa, la lavadora, tender la ropa, cocinar…los adultos no vemos como un juego estás acciones, pero los niños SÍ.  

¿QUÉ ENSEÑAN EL JUEGO Y LOS JUGUETES?

Ya hemos visto la cantidad de cosas que se aprenden con el juego y los juguetes, pero hay mucho más:

– Frustración. Cuando nuestro bebé está jugando con su torre de cubos y uno de cae y empieza a enfadarse y a llorar, nosotros corremos hacia él para socorrerle y ponerle la torre bien, pero no nos paramos a pensar si nos ha pedido ayuda. La mayoría de veces solo se enfadan y en rato vuelven a jugar sin más problemas, debemos valorar si estamos interfiriendo en esa emoción.

– Desarrollo cognitivo. Todo lo que se aprende jugando se asimila mejor y de una forma más eficaz, además de existir una construcción y desarrollo de la inteligencia más elevados

– Desarrolla la autonomía. Cuando un niño aprende a jugar solo, es cuando estará preparado para aprender a jugar con otros niños. Por eso no podemos forzar el trabajo en grupo, por eso las guarderías no son el mejor sitio para enseñar autonomía.

¿CÓMO ACOMPAÑAR EL JUEGO?

Aunque parezca una acción muy sencilla, para un adulto no es nada fácil permitir el juego libre, ya que intentamos estar pendientes del niño y sus movimientos y les ayudamos a la primera de cambio sin esperar un poco para ver como se desarrolla el juego y el niño, acompañaremos el juego…

– Sin interferir. O lo mínimo posible. Observamos y esperamos, si el niño no nos pide ayuda – y sabemos distinguirlo perfectamente- no ayudaremos y dejaremos que el niño resuelva ese conflicto solo.

– Acompañando la frustración. Parece fácil pero tendemos a decir frases como “no pasa nada”, “no llores por esto”, “no te enfades por esta tontería”…y les hacemos entender que frustrarse no es bueno. Si a nuestro hijo le cuesta meter una pieza en un encaje y se enfada y la tira, no hace falta hacer absolutamente nada

Prever los peligros, procurando un ambiente y entorno seguros. Cables, enchufes, jarrones…para que nuestro pueda moverse libremente por la casa sin tener que ir detrás apartando los cactus, adaptaremos el entorno para que pueda explorar sin peligro

– No convertir las tareas del hogar en una obligación. Si invitamos a los niños desde muy pequeños a realizar las tareas de casa, podemos convertirlos en grandes colaboradores con la familia

Si nos tenemos que quedar con una sola frase que sea esta: cuanto más haga el juguete, menos hará el niño

Mo Queralt

LA PREADOLESCENCIA, ESA GRAN DESCONOCIDA

LA PREADOLESCENCIA, ESA GRAN DESCONOCIDA

 

Antes de adentrarnos en el gran reto de la preadolescencia debemos saber la importancia que tiene tener una infancia saludable para que se de una preadolescencia y una adolescencia igualmente saludable. Todo empieza desde el nacimiento. Sabéis lo que me gusta a mi hablar de crianza respetuosa y de como un niño se va formando durante años para legar a ser el adulto que es y que todos los factores que intervienen (familia, escuela, amigos, entorno cultural, etc.) condicionan la clase de vida y la personalidad que tendrá. 

El cambio de la infancia a la preadolescencia y posteriormente a la adolescencia no suele ser fácil. Para nadie. Descubrimos un hijo que antes no habíamos visto y difícilmente podemos recordar nuestra propia experiencia a esa edad, tal vez por eso nos resulte tan complicado empatizar con una persona que pasa por dichos cambios tan transcendentales. 

Esta etapa se ve inmersa en numerosas transformaciones a nivel cognitivo, conductual, físico-biológico (sexual), psicológico y social que le aventura en el mundo del adulto hasta ahora desconocido. Las hormonas, los pensamientos que vienen y van a una velocidad de vértigo, le permitirán adaptarse como puedan a las tareas intelectuales típicas de los adultos.

La edad a la que ocurre depende de varios factores pero suele darse de los 9 años (como algo precoz) a los 12-15 años, justo antes de la adolescencia y la presentan las niñas antes que los niños. Ese niño deja de ser niño y mentalmente debe aceptar ciertos cambios que la sociedad no ve con buenos ojos: los preadolescentes y los adolescentes son las personas más incomprendidos en su etapa más vital.

Los cambios a los que se enfrentan no cuentan normalmente con el apoyo del resto del mundo (¡o ellos lo sienten así!), entran en un duelo por un cuerpo nuevo (alteraciones físicas y fisiológicas que vuelven frágil la autoestima por la importancia de su imagen personal) y la infantilidad en relación a los progenitores deja de ser la misma que hasta entonces. El autoconocimiento es confuso y a su vez descubren gran número de limitaciones y posibilidades a explotar.

Siguen siendo niños desde un punto de vista mágico, que aun perdiendo esa inocencia, están a medias entre un niño y un adulto; las órdenes y exigencias de los padres no se aceptan con la facilidad de antes y empiezan a preferir la compañía de sus iguales, empezando su camino hacia una verdadera independencia.

¿Cómo sobrellevar la preadolescencia y ayudar a un preadolescente?

Los sentimientos están a flor de piel y la delicadeza con la que gestionemos los conflictos que surjan marcarán un antes y un después en la vida de los miembros de la familia, irá modelando su madurez emocional (sumamente importante respetar este punto) que dependerá de las relaciones familiares y de su entorno.

Lo que enseñemos en la infancia dejaremos de verlo en la preadolescencia y la adolescencia, pero resurgirá con fuerza cuando pase a la edad adulta y todo lo aprendido desde el amor, el cariño y la paciencia, todos los principios y valores aparecerán para quedarse.  

Me gustaría decir que lo poco que podemos hacer para paliar los efectos de esta etapa es dar libertad al preadolescente y dejarle tranquilo, pero sé que eso no es suficiente para ningún padre, así que ahí van unos cuantos consejos para afrontarla:

  • Escuchar

Tan sencillo como escuchar los sentimientos y deseos de los hijos sin esperar a dar nuestro discurso. Muchas veces las personas hablamos solo para desahogarnos, no queremos consejos ni sermones solo ser escuchados.

  • No juzgar

Cuando recibimos información de nuestros hijos debemos mantener el tipo y evitar prejuicios, si queremos que nos cuenten las cosas más íntimas tenemos que empezar por aceptarlas y ya las trabajaremos en su momento pero es primordial dar rienda suelta a su discurso para saber qué necesita nuestro hijo, que le incomoda, que le hiere a nivel emocional, que le hace feliz…A esta edad son especialmente sensibles a las críticas.

  • No aconsejar

A no ser que él nos pida consejo, no darle consejo si no lo ha pedido, en su lugar pregunta de forma reflexiva, no es mismo decirle «esto está mal» que «¿cómo crees que debe valorarse esto?» y permitir que el mismo preadolescente se responsabilice de sus conductas y sus actos

  • Formula preguntas abiertas

No preguntes cuestiones que den respuesta cerrada de SI o NO, por ejemplo «¿Cómo estás?» sino preguntas que den argumentos e información más concreta y profunda, por ejemplo «¿Cómo te has sentido?»

  • Evita la pregunta que empiece por «¿Por qué….?»

Cuando preguntas los porqués estamos pidiendo una explicación, por ende una posterior opinión o sermón. En su lugar cámbialo por «Qué…», «Cómo…», «Cuando…». Ejemplo: no es lo mismo decir «¿Por qué has hecho eso?» que «¿Qué te ha llevado a hacer eso?

 

La preadolescencia y su lado positivo

No sabemos aprovechar este gran cambio en nuestro beneficio familiar, nos aterramos ante la idea de la futura preadolescencia y mucho más en la adolescencia. Nuestro hijo está viviendo una crisis existencial y solo se nos ocurre tachar al preadolescente de inmaduro, rebelde, intransigente, desobediente, contradictorio, etc. La sociedad nos la vende muy mal…

¿Habéis oído alguna vez adjetivos positivos para la preadolescencia y la adolescencia? En esta etapa están más abiertos que nunca, pero con una facilidad para cerrarse en ellos mismo pasmosa. Por eso debemos aprovechar esa obertura para llegar a nuestros hijos y evitar que se alejen todo lo posible.

Ahora puedes mantener una conversación de calidad por el pensamiento abstracto típico de la preadolescencia, hablar de sus más temidos miedos y contener y apoyar sus sentimientos y emociones,  es el momento ideal para integrar en su cabeza la importancia que tienen para ti y soltar un «te quiero y te necesito en mi vida» para valorar y elevar esa autoestima que pende de un hilo, la dependencia a la que caminan nos permite relajarnos un poco más como padres, se encuentra en un estado de labilidad emocional muy interesante (supone cambios emocionales más bien bruscos que pueden pasar de la alegría a la tristeza y viceversa en un abrir y cerrar de ojos).

La preadolescencia es el principio de la adultez, nos muestra como empezarán a ser nuestros hijos y no podemos ignorar o censurarla, si no acompañarla y disfrutarla en todo lo posible, haciendo partícipes a los hijos en las gestiones familiares, teniéndolos en cuenta para tomar decisiones y hacerles ver que siempre estaremos ahí, pase lo que pase y sean como sean. Esta etapa pasa, igual de la de las «rabietas», igual que todas en definitiva. Solo necesitamos un poco de empatía, paciencia y entendimiento.

Mo Queralt

CUANDO EL «NO PEGUES, NO MUERDAS» NO FUNCIONA

CUANDO EL «NO PEGUES, NO MUERDAS» NO FUNCIONA

Muchas familias se encuentran, en un momento de la infancia de sus hijos, a partir del año aproximadamente, con que aparecen una serie de comportamientos y conductas que cuestan gestionar. En esta web has leído sobre algunas de ellas, hoy hablaremos sobre el niño que pega y/o muerde.

Empezaré explicando que cualquier conducta de un niño tiene un significado, pasa por algo, ese niño que pega y/o muerde tiene la necesidad de expresar alguna emoción que no sabe controlar ni exteriorizar de otra forma ya que los niños desde que nacen, están aprendiendo a gestionar las emociones que van conociendo, algunas las viven por primera vez de muy pequeños y hasta que no las experimentan varias veces no pueden utilizarlas correctamente. 

Cuando observamos esas conductas en los nuestros hijos lo primero que nos viene a la cabeza hacer, casi instintivamente es decir NO. Decirlo no es malo, de hecho necesario muchas veces, el problema no es decir NO, si no que:

  • Lo decimos demasiadas veces. Es lo primero que nos sale de la boca en cuando el niño hace algo que no nos gusta o no queremos que haga
  • Lo decimos sin sentido. Muchas veces solo para llevarle la contraria al niño y marcar nuestra autoridad o sin darle explicaciones del porqué con frases del tipo «¡no, es no!»
  • Enseña que no hay opciones. Que el adulto tiene la última palabra y la razón.
  • Transmite emociones negativas. Depende del tono que utilicemos, el niño puede vernos enfadados; podemos decir que NO con calma y firmeza sin parecer que el acto del niño nos a ofendido o enfadado.
  • Hace sentir culpabilidad. Al vernos enfadados al decir NO hace creer al niño que ha hecho algo malo y que nuestro estado de ánimo es culpa suya.

El NO es un simple recurso más dentro del lenguaje que nos sirve para comunicar un desacuerdo, pero lo utilizamos con los niños sin ninguna medida, sin questionarnos qué enseña, qué transmite o qué hace sentir.

En cambio hay una alternativa increible que educa y funciona mucho mejor que el NO, ¡que es el SI!

El SI (hablar en positivo) muestra lo que se espera del niño, el NO (hablar en negativo) muestra lo que el niño no hace bien a nuestros ojos.

Vamos a poner varios ejemplos de la vida diaria que seguro conoces y que te pueden servir para hacer la transición al lenguaje en positivo:

  • No pegues/muerdas a mamá/papá/perro/hermano
  • Me haces daño, no me gusta lo que me haces…
  • No juegues con eso (cuchillo, chincheta…cualquier objeto que suponga un peligro o que sea delicado o importante para nosotros)

Ahora vamos a cambiar estas típicas frases por un lenguaje en positivo para potenciar una mejor relación con nuestros hijos:

  • Trata bien/con cariño/con respeto a mama/papa/perro/hermano
  • Me gusta cuando me acaricias o me besas….¿Te gusta a ti cuando mamá te besa?
  • Juega mejor con esto (damos alternativa al objeto peligroso o delicado)

¿Qué se consigue con el NO?

Que el niño crea que está mal lo que hace, que no acierte en las demandas de los padres, que continuamente están pidiendo cambios en las conductas de los niños (no toques eso, no corras, ojo no te caigas, no llores…). Decir NO puede ser muy útil para dar aviso al niño de un peligro o para un momento puntual y con una posterior explicación del porqué NO (porque puedes hacerte daño…)

¿Qué se consigue con el SI?

Con el habla en positivo se consigue más eficacia, aprendizaje de uno mismo y de lo correcto e incorrecto de una forma saludable. Se consigue mayor atención del niño en lo que se le pide y más motivación para actuar. Puedes poner en práctica estas recomendaciones para probar qué efecto tiene en el niño y comprobar en poco tiempo como las conductas no deseadas, van desapareciendo.

 

¿Me cuentas tu experiencia?

 

 

Mo Queralt

INCOHERENCIAS COHERENTES EN LA CRIANZA

INCOHERENCIAS COHERENTES EN LA CRIANZA

Hay una seria de factores que influyen en el desarrollo de las personas. Muchos de ellos tienen que ver con la maduración, es decir, no se pueden enseñar. Y tratándose de niños, que ocurran naturalmente, sin forzar, tiene una relevancia vital.

Permitir el ritmo del niño definirá su futuro a corto y largo plazo

Si entendemos y conocemos estos factores la crianza será mucho más fácil a todos los niveles, porque nos relajaremos al normalizarlos.

Por eso mismo no sería correcto hablar de incoherencia ya que, para el niño, todo tiene coherencia mientras se desarrolla (evidentemente si no existe nada fuera de lo considera normal)

1. Tener dependencia para pasar a la independencia

Cada vez lo entendemos más, cada vez más familias saben que no existe una independencia del niño saludable y normal sin haber pasado antes por un estado de dependencia hacia la figura de apego (que suele ser la madre) durante los primeros años.

Si no forzamos, si permitimos que el niño se apegue y esté cerca de nosotros el tiempo que necesite, se irá alejando hacia una independencia sana. En este artículo te lo explico mucho mejor.

2. El sueño en compañía para aprender a dormir solo

No queda otra, dormir en paz, sentirse seguro, confiado, protegido, enseña a dormir en soledad. Obligar a un bebé (que llora cuando le dejamos solo, que busca y necesita a su madre, su calor, contacto y vínculo y es ignorado) a dormir solo, sólo trae problemas a la larga. Ya hay testimonios que afirman ir al psicólogo por problemas de sueño por haber utilizado con ellos métodos conductistas para aprender a dormir solos. Aquí te lo cuento con más detalle.

3. Comer con las manos para saber comer con cubiertos

¿Cómo pretendemos aprender a trabajar la madera sin tocarla, sin olerla, sin conocer el tacto, las texturas…? Poder tocar, oler y probar nos lleva a desarrollar partes del cerebro que se construyen para el futuro. Jugar con la comida, tirarla, espachurrarla, escupirla, etc. es, a falta de una palabra mejor,  educativo. En este artículo te explico el método que tiene en cuenta todo esto y más

4. Tener apego por cosas para aprender desapego.

Si permitimos que el ego se desarrolle, sin censurarlo, sin reprimirlo, ocurre el siguiente paso: el desapego. Que un niño sea egoísta es normal y preferible, deben apegarse a sus pertenencias para saber lo que supone dejarlas ir. Y mientras tanto el adulto da ejemplo de desapego, porque seamos realistas, nos cuesta desprendernos o dejar según que cosas a los demás: el coche al vecino, la tarjeta de crédito, nuestro móvil a un desconocido…¿o no?

5. No controlar las emociones para aprender a controlarlas.

Para conocer algo debemos vivirlo, experimentarlo y cuánto más experimentemos más autocontrol aprenderemos. Con la experiencia aprendemos a controlar. Por esa misma razón no podemos pretender que un niño controle una rabieta si antes no sabe lo que es, cómo le hace sentir, si no se ha metido de lleno y se ha “conocido”. En este artículo te enseño cómo se gestiona.

En definitiva, si entendemos que estos procesos tienen su tiempo, que deben ocurrir si o si, todo se vuelve más ameno y fácil. Si intentamos evitarlos o reprimirlos haciendo sentir mal al niño por exteriorizarlos solo complicaría las cosas.

Los niños tienen mucho que enseñarnos y tener paciencia con ellos para que puedan vivir esas experiencias que harán de él un niño con o sin problemas de adulto, es nuestro legado como (pa)madres.

¿Conoces alguno más?

Mo Queralt

GESTIONAMOS MAL LAS EMOCIONES DE LOS NIÑOS

GESTIONAMOS MAL LAS EMOCIONES DE LOS NIÑOS

Si no os lo creéis, ¡seguid leyendo! Porque se gestionan muy mal las emociones de los niños, o peor, muchas veces ni se gestionan ya que, directamente no se atiende la emoción, ignorándola.

Cuando los niños están contentos, son “buenos” y obedecen no hay problema, pero en cuanto sacan las emociones que no nos gustan, las emociones desagradables (enfado y frustración, tristeza y lloro…) los padres se transforman y sacan lo peor de ellos mismos y en lugar de mantener la calma, se unen a su disgusto y empeoran la situación.

Como seres humanos sociales revivimos lo aprendido y no tenemos recursos ni herramientas para trabajar con los sentimientos y emociones propias y de los demás. En definitiva tenemos una inteligencia emocional bastante baja.

Si ya nos cuesta a los adultos descubrirnos y aprender de nosotros mismos, ¿cómo no va a costarnos encargarnos de las emociones de nuestros hijos?

¿Cuáles son las consecuencias de gestionar mal las emociones?

  1. Los niños lo harán igual de mal o peor de adultos. Lo que ven es lo que aprenden y aunque durante su vida vayan aprendiendo nuevas formas más saludables de gestionar las emociones, siempre deberá haber un trabajo previo de desaprendizaje. Y eso si ocurre, porque también deben haber ganas de cambiar y reconocimiento de que las emociones tienen que ser acompañadas. Y muchas familias creen que hacen bien dejando llorar a sus hijos solos o corrigiéndoles si se enfadan.
  1. Se crean traumas. A nivel psicológico ocurren muchas cosas, entre ellas el creer que es correcto ignorar o corregir las emociones desagradables, sin tener en cuenta más opciones. En definitiva, normalizamos esa forma de hacer.
  1. Una adultez muy complicada. Cuando censuramos o atacamos la emociones como si fueran malas y tuvieran que erradicarse ocurre lo siguiente: el niño crece moldeando el cerebro y le afectará en varias situaciones en su vida, como en la toma de decisiones, la tolerancia al estrés, la necesidad de enfadarse para «sacar»(provocando situaciones para estallar)…

Muchísimos padres no son nada empáticos con los niños, no dan importancia a sus problemas porque los comparan con los suyos y los lleva a frases del tipo: no llores que no pasa nada, eso no es nada, eso no duele, si lloras no te doy…, te quito…, no te llevo a…, si lloras nos vamos…, mira que feo estás llorando, no llores o…., si te enfadas…, las niñas no se enfadan, los niños no lloran…

Todas ellas complican la situación, siempre. Nunca ayudan en nada ni educan un ápice a los niños.

Las frases prohibidas

Aquí van frases reales que escucho demasiado a menudo, de hecho las oigo en un porciento mayor (bastante más mayor) a las frases positivas:

– No llores. No te enfades. Que es lo mismo que decir “no sientas”, que enfadarse es malo, está mal visto.

– Cómetelo todo. No es una frase sobre gestionar emociones a primera vista, pero tiene mucha relación. Alabar a un niño para que compita a comérselo todo consigue que coma sin hambre y que coma solo para satisfacer a sus padres, no a sí mismo, de este modo deja de escuchar sus necesidades. Además si llenamos el plato demasiado y no se lo acaba provocamos sentimiento de frustración que lleva a creer que no son capaces de conseguir hacer felices a sus padres. Y este, señores y señoras, no es el objetivo de la educación. Provocamos frustración, poca tolerancia a la misma y sentimiento de culpa.

– Me pones nervioso. Es muy injusto culpar a los niños de nuestro estado de ánimo, ya que no depende de la conducta en sí, sino de quien la vea. Sería más correcto decir “Me pongo nervioso”.

– En general las frases en forma de amenazas, sarcasmos, ironías (como las nombradas antes) no funcionan, además de no ser entendidas por los niños. Las amenazas solo frenan la conducta del niño por momentos pero no educa ni enseña para la próxima, es un recurso cruel y nada efectivo.

¿De qué dependerá como gestionemos las emociones de nuestros niños?

– De nuestro estado de ánimo. No veremos con los mismos ojos una rabieta en el súper si vamos con prisas, cargad@s con la compra, etc. que si estamos de buen humor, tranquilos y descansados. Evidente, ¿no?

– De nuestra paciencia

Dependiendo de nuestro carácter o personalidad tendremos una tolerancia al estrés más alta o más baja. Hay padres muy pacientes con niños muy demandantes y padres menos pacientes con los niños igual de demandantes, o padres con un hijo muy tranquilo y un segundo más demandante con el que descubren hasta donde llega la paciencia.

– De nuestro cansancio del día

Las emociones desagradables se gestionan peor al final de día, cuando ya hemos trabajado, estamos cansados y toca rutina de duchas, cena, cuento…

– De cómo nos criaron nuestros padres

Cómo nos educaron condicionará cómo educamos, sin duda. Para bien (yo no quiero educar como mis padres porque me pegaban) o para mal (yo pego a mis hijos porque mis padres me pegaban y he salido bien).

Preguntémonos algo: ¿Cuál es el objetivo de corregir a los niños, reñirlos, ponerles rutinas, incluso cuando castigamos? Cuando intentamos educar el objetivo es el mismo: que aprendan y sean buenas personas, que mejoren su vida, no hacértela a ti más fácil. Porqué si fuera así, si el objetivo es vivir mejor nosotros sin importarnos el futuro de nuestros hijos, la humanidad no tendría razón de ser.

No es suficiente con decir no pegues, no muerdas, eso no se hace, no toques, para de hacer eso… Porque todo esto está vacío de significado, no aporta nada al niño, no le educa, no le enseña lo que SI debe hacer, no le enseña qué se espera de ellos: que sean buenas personas, que sean respetuosos. Por eso siempre será más educativo decir “trata bien a tu padre” en lugar de “no muerdas a tu padre”.

Además cargamos al niño de culpa, no le hacemos responsable de sus actos, le hacemos culpable y de este modo creerá que es mala persona, por lo tanto acabará actuando como tal.

Tenemos que saber que los niños a edades tempranas o cuando aún no pueden hablar o hacerse entender, expresan sus deseos, lo que quieren y desean, con conductas y emociones, por ejemplo si no quieren pintar más pueden tirar todo al suelo. Ahí debemos aprovechar el momento y vincular al niño a sus emociones, preguntarle “¿estás cansado?” o decirle “veo que estás cansado, vamos a…” para que empiece a reconocerse y descubrirse, aprenda sus emociones y qué le llevan a hacer, validarlas y ponerles nombre para las próximas veces.

Como no se sabe acompañar una emoción desagradable (porque nos irrita, vemos sufrir al niño, etc.) en la mayoría de los casos, actuamos de forma incorrecta para intentar educar, como por ejemplo:

– Hacer pedir perdón cuando el niño le hace algo a alguien.

Esa manía tan dañina para el niño está a la orden del día “pídele perdón y dale un beso”. Eso solo enseña a no ser sincero, a actuar para tener el reconocimiento del adulto pero no saben porqué piden perdón. ¿Cómo lo hacemos entonces? Pues formulando las tres preguntas clave: 1. ¿Te gustaría a ti ese trato?, 2. ¿Crees que le gusta a esa persona ese trato? Y 3. ¿Qué podríamos hacer para hacer sentir mejor a esa persona a la que hemos dañado?

 

– Que den las gracias.

Os parecerá demasiado sencillo pero la única forma de tener hijos agradecidos es ser agradecidos con ellos. Dar las gracias por todo lo que se quiera agradecer, por su ayuda, su apoyo en algo, etc. Y ocurre la magia…el niño aprende a dar las gracias por todo. Prueba y me dices.

– Pedir las cosas por favor

No tiene truco, más de lo mismo. En definitiva es dar ejemplo, que parece fácil pero no lo es tanto, ¿verdad?

Te dejo artículos relacionados con el tema para darte más luz, seguro te ayudan!

Lo que nunca les digo a mis hijos

De la indiferencia al maltrato

Las 10 claves imprescindible para gestionar una rabieta

 

Mo Queralt

 

 

¿POR QUÉ LLORAN LOS BEBÉS Y CÓMO EVITARLO?

¿POR QUÉ LLORAN LOS BEBÉS Y CÓMO EVITARLO?

El lloro es la única forma de comunicarse que tiene un bebé. Aun así podemos prevenir su lloro o evitar que llore excesivamente, atiendiendo lo más rápido posible la llamada de atención y anticipándonos. Para empezar los bebés lloran por varios motivos:

Por hambre o sed

El bebé demanda leche mediante varios signos, como meterse las manos en la boca, sacar la lengua, ladear la cabeza de un lado a otro…y cuando esas señales nos pasan por alto, el bebé recurre al llanto, ya que no puede decirnos “Oye! QUE TENGO HAMBRE HACE RATO!”. Si observamos estas señales podemos anticiparnos y conseguir que el bebé coma más relajado y tranquilo. En este caso, evitamos el lloro dando de comer un poco antes de que se desencadene. Por lo tanto que lloren por hambre es innecesario.

Por sueño

Cuando el bebé tiene sueño y no puede dormirse por sí solo, llora. No tiene más forma de hacérnoslo saber. Normalmente, los bebés porteados, en contínuo movimento con los padres, cerca de ellos, etc. lloran menos, muchísimo menos, ya que tienen lo que necesitan sin necesidad de pedirlo. Al igual que el adulto, el bebé quiere sentirse cómodo para dormir, necesita cierta postura, que nada le moleste (etiquetas de la ropa, botones…) y sentir que está protegido y seguro. Este tipo de lloro no podemos evitarlo muchas veces, ya que nos dice qué necesita el bebé y cómo lo necesita para dormir. De esta forma iremos conociendo sus necesidades, los movimientos, la forma de portear o de llevar en el carrito, cuánto taparlo…para ir evitando el lloro con el tiempo en cuanto a sueño se refiere.

Por estar incómodos

Como comento más arriba, la comodidad de la ropa, la temperatura, las posturas, etc. pueden dificultar el descanso del bebé, por lo tanto, cuando sienta que no está bien, llorará y los adultos deberemos aprender a evitar esas incomodidades que el bebé por sí solo sería incapaz de modificar.

Por estar sucios

Un bebé con el pañal lleno o sucio puede llorar. Muchos no lo hacen, pero cuando llora un bebé siempre debemos comprobar que todas sus necesidades esten cubiertas y cambiar el pañal es fácil y nos ayuda a descartar un motivo de llanto.

Por dolor

Este lloro es de los más duros para los padres y para los bebés, ya que no podemos evitarlo hasta que encontremos la causa y aun así no tiene porque remitir el dolor hasta que se palie. Además se une a que el bebé no puede decirnos qué le duele ni dónde. El pediatra puede guiarnos y facilitar algún remedio, pero hasta entonces nuestro bebé deberá ser atentido y acompañado en ese dolor o malestar que no le permite estar tranquilo y relajado.

Por frustración

¿Cuántas veces has visto llorar a un niño porque se le ha caído un helado o porque se desmonta su torre de cubos? La frustración que viene natural y además acompañada del adulto para ofrecer empatía y cariño, es una de las mejores formas de aprender autocontrol de esta emoción, ya que no viene provocada por nadie, sino por la vida misma.

Por exceso de estímulos

Es fácil sobreestimular a un bebé: llevándolo mirando hacia delante en el porteo (totalmente contraproducente) ya que no puede girar la cabeza para evitar el estímulo, ofreciendo continuamente juegos con mezclas de estímulos visuales, auditivos y táctiles (música, colores…), con las pantallas de cualquier tipo (televisión, tablet, móvil…). Cuando el bebé siente que su cerebro no puede gestionar todo esto se desborda y rompe en llanto para eliminar el exceso de estrés y tensión neuropsicológica.

Por falta de estímulos

Parecerá una tontería, pero los bebés lloran por aburrimiento. Un bebé que lleva una vida de muchas horas al día en un parque de esos que tenemos en casa lleno de juguetes, está totalmente falto de estímulos, ya que los juguetes enseguida perderán el interés y el sentido de exploración que tienen les hará querer salir de ahí. Y lo pedirán llorando, una vez más la única forma que tiene de decir “me aburroooooo”.

Por necesidad de afecto, apego y contacto

Una de las necesidades más importantes. Y ocurre que de repente sin ningún motivo aparente -motivo para ti porque para el bebé sí lo tiene- te pide brazos, ya que cuando lo coges se calla y tu te preguntas: ¡qué raro! He estado con él todo el día, está limpio, acaba de dormir y de comer, o sea tiene sus necesidades cubiertas, ¿por qué querrá tanto brazo? Pues aquí viene una revelación señoras y señores: la necesidad de contacto, apego y afecto no se sabe cuando está cubierta. Esta necesidad se llena como una cubeta, que tiene un pequeño agujero en el fondo. Tu coges a tu peque y se va llenando la cubeta, cuando dejas al niño solo (separado de ti relativamente), la cubeta va perdiendo y se va vaciando. Cada cubeta de cada bebé tiene el agujero más grande o más pequeño, unos necesitan más a menudo estar cerca o en contacto directo con sus padres o figura de apego y otros un poco menos. Lo que está claro es que el bebé que se pasa todo el tiempo posible con esa figura de apego, llora menos.

¿Conocéis la angustia de separación? Una razón más añadida para llorar por querer sentirse seguro cerca de su figura de apego. Más abajo te dejo un artículo explicándola, ya que el lloro suele ver más explosivo e intenso en esa etapa.

 

 

¿Por qué es tan importante el lloro?

Bueno, como hemos dicho, cuando nacen solo pueden comunicarse así, de hecho hasta que pueden hablar o hacer gestos que nos expliquen cosas, que muchas veces tampoco entenderemos hasta que los bebés -y no tan bebés- cojan más práctica con su motricidad.

Por otro lado que el lloro sea necesario no quiere decir que sea necesario que lloren. Yo puedo salir corriendo si veo un peligro, estoy anatómicamente hecha para ello, pero si tuviera de correr cada día delante de un dinosaurio acabaríamos yo por agotarme y él por comerme enterita. El lloro hace lo mismo con el bebé: si llora excesivamente sin ser atendido y de forma contínua, conseguiremos que el cortisol inunde su cerebro y marque de por vida una baja tolerancia al estrés en la adultez, entre otras muchas cosas bastante aterradoras…  

El lloro es una forma de supervivencia y existe para ser atendida SIEMPRE. Y atendida no es necesariamente evitada. Atendida es ESTAR AHÍ. Acompañar al bebé o niño durante el proceso de llanto o de exteriorización de la emoción. Más abajo te dejo un artículo con la diferencia entre dejar llorar y permitir llorar a un bebé o niño.

También es verdad que hay familias (sobre todo madres o la principal figura de apego) que reconocen el llanto de sus bebés y saben identificar porqué causa lloran, y se anticipan perfectamente a esa necesidad y a cubrirla lo antes posible.

 

¿Cuando empieza el lloro a ser un problema?

El problema empieza cuando lo vemos como un problema. Nos angustiamos al ver al bebé “sufrir”, pensamos que dejarle llorar puede ayudar a que deje de llorar (que forma más curiosa y horrible de gestionar el lloro), los demás nos aconsejan sobre el tema -como si fueran unos grandes expertos en lloros de bebés y sus porqués- sin ningún tipo de fundamento más que su propia experiencia. Y así vamos perpetuando unas creencias en torno al llanto del bebé que mucho dejan que desear sobre lo que es cierto.

Seamos más intuitivos y pensemos cómo nos gustaría a nosotros que nos trataran cuando lloramos, tal vez nos demos cuenta de una cosa muy triste y es que tratamos mejor a los adultos que lloran que a los bebés. Reflexionemos sobre ello…

 

Enlace del artículo La angustia de separación de los bebés y niños

Enlace del artículo La diferencia entre dejar llorar y permitir llorar

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