EL ARTE DE APRENDER JUGANDO

Publicado en Feb 14, 2019 | 0 comentarios

EL ARTE DE APRENDER JUGANDO

Es difícil saber cuando empezamos a jugar los humanos, ya que en los yacimientos que se trabajan no se pueden encontrar materiales orgánicos que desaparecen o desintegran con el paso del tiempo, pero lo que sí sabemos es que los primeros juguetes registrados como tal datan de la antigua Mesopotamia hace más de 5000 años y sabemos que eran juguetes porque estaban tallados o fabricados a pequeña escala (barcos, muñecos…) También es cierto que se han llegado a encontrar piezas de piedra que con su reconstrucción han resultado ser pequeños cochecitos y otro tipo de juguetes.

Te preguntarás que tiene que ver todo esto con el juego y los juguetes actualmente. Es importante saber el origen de los juegos y juguetes para poder llegar a entender cómo jugamos en la actualidad.

El juego ha evolucionado continuamente y sigue haciéndolo ahora mismo en todo momento: empezamos a fabricar los juguetes en serie –cuando hasta entonces los fabricaba el propio niño o el adulto-, aparecen los juguetes eléctricos que supone poca intervención de niño ya que el juguete lo hace todo, aparece el plástico que disminuye los gastos y aumenta la producción de juguetes y juegos y ahora mismo todo lo virtual y las pantallas ocupan el tiempo de nuestros hijos.

¿QUÉ ES EL JUEGO?

El juego es la mejor forma de aprender por varias razones:

  • Es ejercicio físico y psicológico
  • Es un entretenimiento que ejercita capacidades, habilidades y destrezas
  • Es una actividad donde se emplea la imaginación y la creatividad
  • Es una herramienta terapéutica cuando es dirigido, para detectar patologías o dificultades en los niños
  • Es una actividad voluntaria donde la meta es la diversión
  • Es una actividad física espontanea de la cual de obtiene placer de inmediato
  • Es lo que viene después de la típica frase “me aburroooooo” y es importante permitir entonces que el niño busque formas de jugar
  • Es sinónimo de aprendizaje

Por esta última razón es por la cual no debemos menospreciar el juego de los niños y su momento, tiempo y espacio para ello. El juego debería ser:

Simbólico – Es decir, utilizar la capacidad de representación mental de un objeto y jugar con esa idea mental. En otras palabras: utilizar un objeto para otra cosa, por ejemplo una caja de zapatos puede ser un parking de cochecitos, una cuchara de madera puede ser una espada…

Funcional – Que puede utilizarlo para la vida diaria, por ejemplo una cocinita

Significativo – Es cuando relacionan el nuevo aprendizaje con lo que ya han aprendido, por ejemplo esa torre de cubos que se tambalea y acaba cayéndose; el niño cada vez la hará mejor y se le caerá menos

Heurístico – El que más me gusta, es cuando el niño aprende sin darse cuenta, cuando resuelve conflictos por medio de la creatividad, por ejemplo la típica cesta de los tesoros montessoriana.

Por ende, si el juego o juguete que tiene tu hijo ahora mismo en la mano no es nada de esto no puede considerarse un juego o juguete adecuado

¿CON QUÉ JUEGAN LOS NIÑOS?

Los niños se pasan la infancia jugando, durante ciertas edades no hacen nada más que jugar el 100% de su tiempo, todas sus acciones son juegos, pero la realidad de cada familia puede ser otra. Los niños juegan con:

– Lo que les ofrece la sociedad y la familia. Ya que ellos mismos no pueden elegir; y nos podemos encontrar con cantidad de regalos con los que luego no juegan. Además la sociedad presenta juegos y juguetes sexistas (disfraces para niñas y niños, cuentos para niñas y niños, cochecitos para niños, plancha para niñas…) y los catálogos a los que acceden nuestros hijos están plagados de discriminación de género. Se añaden los juguetes cargados de estímulos – colores con música, voces…- que sobreestimulan y no facilitan un desarrollo sano.

– Con materiales reales. Con casi cualquier objeto que tengamos por casa desde fiambreras, cucharas de madera, tapas, pinzas a trapos de cocina, etc. un buen recurso es tener un cajón de la cocina destinado a nuestro pequeño explorador con objetos seguros.

– Con la comida. El niño juega con la comida, sin duda, sobre todo si se practica la alimentación autorregulada por el bebé o Baby Led Weaning ya que lo que le supone a nivel de desarrollo cognitivo es muy grande, además estimula los sentidos –texturas, colores, sabores…-, enseña las primeras clases de física al lanzar la comida desde la trona al suelo y observar que ocurre con ella, aprenden a gestionar emociones –desde el asco a la frustración cuando no consiguen agarrar bien un alimento-, adquieren mayor gusto por la exploración, aprenden a hablar más rápido –el trabajo muscular a nivel orofaringeo que se hace no tiene precio-, permite que el niño sepa cuando está listo para empezar la alimentación complementaria –interñes por la comida, coordinación mano-ojo-boca, reflejo de extrusión…

– Con el propio cuerpo. Está demostrado que durante el embarazo el bebé ya juega con su propio cuerpo, el cordón umbilical, el líquido amniótico, etc. Además de la estimulación multisensorial tan rica que proporciona: placer, dolor, sabores, texturas, conocimeinto del propio cuerpo, diferenciación de su cuerpo y el de otros, y se motivan a explorar el mundo de les rodea con más ahínco. Permitir que el bebé esté desnudo todo el tiempo posible para permitir que se autoexplore es el principio de juego

JUEGOS NO APTO PARA ADULTOS

Hay varias formas de juego que para un adulto no lo es, o le cuesta verlo como un juego, porque al crecer perdemos ese preciado instinto de diversión y nos volvemos más serios, aun sabiendo que jugando lo aprendemos todo mejor!

Jugar con la comida. Como decía antes, comer es un juego pero ver a nuestro bebé cubierto de espaguetis no nos hace mucha gracia.

El juego simultaneo. Jugar con varios juguetes o juegos a la vez. Tenemos la manía de, cuando nuestro hijo está haciendo un puzle y quiere jugar con otra cosa, hacerle recoger antes el puzle. El juego simultaneo debe permitirse todo lo posible porque despierta la creatividad y la imaginación a niveles inimaginables. Un juego simultaneo típico en mi casa son los playmobils y la plastilina.

Jugar con objetos o cosas que no son juguetes. Jugar a pintar piedras, apilar palos para montar un fuerte…los adultos no solemos jugar como los niños y nos cuesta desprendernos de esa seriedad que no permite a la imaginación florecer.

Utilizar un juguete para una finalidad diferente para la cual fue creada. Mi hija coge rotuladores de color y se pinta el cuerpo. El rotulador es para el papel, ¿no? Pues no tiene porqué, y este solo es un ejemplo, los adultos solemos soltar frases del tipo “esto no es para jugar” y para los niños es una oportunidad de diversión y aprendizaje.

Realizar las tareas del hogar. Poner la mesa, la lavadora, tender la ropa, cocinar…los adultos no vemos como un juego estás acciones, pero los niños SÍ.  

¿QUÉ ENSEÑAN EL JUEGO Y LOS JUGUETES?

Ya hemos visto la cantidad de cosas que se aprenden con el juego y los juguetes, pero hay mucho más:

– Frustración. Cuando nuestro bebé está jugando con su torre de cubos y uno de cae y empieza a enfadarse y a llorar, nosotros corremos hacia él para socorrerle y ponerle la torre bien, pero no nos paramos a pensar si nos ha pedido ayuda. La mayoría de veces solo se enfadan y en rato vuelven a jugar sin más problemas, debemos valorar si estamos interfiriendo en esa emoción.

– Desarrollo cognitivo. Todo lo que se aprende jugando se asimila mejor y de una forma más eficaz, además de existir una construcción y desarrollo de la inteligencia más elevados

– Desarrolla la autonomía. Cuando un niño aprende a jugar solo, es cuando estará preparado para aprender a jugar con otros niños. Por eso no podemos forzar el trabajo en grupo, por eso las guarderías no son el mejor sitio para enseñar autonomía.

¿CÓMO ACOMPAÑAR EL JUEGO?

Aunque parezca una acción muy sencilla, para un adulto no es nada fácil permitir el juego libre, ya que intentamos estar pendientes del niño y sus movimientos y les ayudamos a la primera de cambio sin esperar un poco para ver como se desarrolla el juego y el niño, acompañaremos el juego…

– Sin interferir. O lo mínimo posible. Observamos y esperamos, si el niño no nos pide ayuda – y sabemos distinguirlo perfectamente- no ayudaremos y dejaremos que el niño resuelva ese conflicto solo.

– Acompañando la frustración. Parece fácil pero tendemos a decir frases como “no pasa nada”, “no llores por esto”, “no te enfades por esta tontería”…y les hacemos entender que frustrarse no es bueno. Si a nuestro hijo le cuesta meter una pieza en un encaje y se enfada y la tira, no hace falta hacer absolutamente nada

Prever los peligros, procurando un ambiente y entorno seguros. Cables, enchufes, jarrones…para que nuestro pueda moverse libremente por la casa sin tener que ir detrás apartando los cactus, adaptaremos el entorno para que pueda explorar sin peligro

– No convertir las tareas del hogar en una obligación. Si invitamos a los niños desde muy pequeños a realizar las tareas de casa, podemos convertirlos en grandes colaboradores con la familia

Si nos tenemos que quedar con una sola frase que sea esta: cuanto más haga el juguete, menos hará el niño

Mo Queralt

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