LA PREADOLESCENCIA, ESA GRAN DESCONOCIDA

Publicado en Dic 4, 2018 | 0 comentarios

LA PREADOLESCENCIA, ESA GRAN DESCONOCIDA

 

Antes de adentrarnos en el gran reto de la preadolescencia debemos saber la importancia que tiene tener una infancia saludable para que se de una preadolescencia y una adolescencia igualmente saludable. Todo empieza desde el nacimiento. Sabéis lo que me gusta a mi hablar de crianza respetuosa y de como un niño se va formando durante años para legar a ser el adulto que es y que todos los factores que intervienen (familia, escuela, amigos, entorno cultural, etc.) condicionan la clase de vida y la personalidad que tendrá. 

El cambio de la infancia a la preadolescencia y posteriormente a la adolescencia no suele ser fácil. Para nadie. Descubrimos un hijo que antes no habíamos visto y difícilmente podemos recordar nuestra propia experiencia a esa edad, tal vez por eso nos resulte tan complicado empatizar con una persona que pasa por dichos cambios tan transcendentales. 

Esta etapa se ve inmersa en numerosas transformaciones a nivel cognitivo, conductual, físico-biológico (sexual), psicológico y social que le aventura en el mundo del adulto hasta ahora desconocido. Las hormonas, los pensamientos que vienen y van a una velocidad de vértigo, le permitirán adaptarse como puedan a las tareas intelectuales típicas de los adultos.

La edad a la que ocurre depende de varios factores pero suele darse de los 9 años (como algo precoz) a los 12-15 años, justo antes de la adolescencia y la presentan las niñas antes que los niños. Ese niño deja de ser niño y mentalmente debe aceptar ciertos cambios que la sociedad no ve con buenos ojos: los preadolescentes y los adolescentes son las personas más incomprendidos en su etapa más vital.

Los cambios a los que se enfrentan no cuentan normalmente con el apoyo del resto del mundo (¡o ellos lo sienten así!), entran en un duelo por un cuerpo nuevo (alteraciones físicas y fisiológicas que vuelven frágil la autoestima por la importancia de su imagen personal) y la infantilidad en relación a los progenitores deja de ser la misma que hasta entonces. El autoconocimiento es confuso y a su vez descubren gran número de limitaciones y posibilidades a explotar.

Siguen siendo niños desde un punto de vista mágico, que aun perdiendo esa inocencia, están a medias entre un niño y un adulto; las órdenes y exigencias de los padres no se aceptan con la facilidad de antes y empiezan a preferir la compañía de sus iguales, empezando su camino hacia una verdadera independencia.

¿Cómo sobrellevar la preadolescencia y ayudar a un preadolescente?

Los sentimientos están a flor de piel y la delicadeza con la que gestionemos los conflictos que surjan marcarán un antes y un después en la vida de los miembros de la familia, irá modelando su madurez emocional (sumamente importante respetar este punto) que dependerá de las relaciones familiares y de su entorno.

Lo que enseñemos en la infancia dejaremos de verlo en la preadolescencia y la adolescencia, pero resurgirá con fuerza cuando pase a la edad adulta y todo lo aprendido desde el amor, el cariño y la paciencia, todos los principios y valores aparecerán para quedarse.  

Me gustaría decir que lo poco que podemos hacer para paliar los efectos de esta etapa es dar libertad al preadolescente y dejarle tranquilo, pero sé que eso no es suficiente para ningún padre, así que ahí van unos cuantos consejos para afrontarla:

  • Escuchar

Tan sencillo como escuchar los sentimientos y deseos de los hijos sin esperar a dar nuestro discurso. Muchas veces las personas hablamos solo para desahogarnos, no queremos consejos ni sermones solo ser escuchados.

  • No juzgar

Cuando recibimos información de nuestros hijos debemos mantener el tipo y evitar prejuicios, si queremos que nos cuenten las cosas más íntimas tenemos que empezar por aceptarlas y ya las trabajaremos en su momento pero es primordial dar rienda suelta a su discurso para saber qué necesita nuestro hijo, que le incomoda, que le hiere a nivel emocional, que le hace feliz…A esta edad son especialmente sensibles a las críticas.

  • No aconsejar

A no ser que él nos pida consejo, no darle consejo si no lo ha pedido, en su lugar pregunta de forma reflexiva, no es mismo decirle “esto está mal” que “¿cómo crees que debe valorarse esto?” y permitir que el mismo preadolescente se responsabilice de sus conductas y sus actos

  • Formula preguntas abiertas

No preguntes cuestiones que den respuesta cerrada de SI o NO, por ejemplo “¿Cómo estás?” sino preguntas que den argumentos e información más concreta y profunda, por ejemplo “¿Cómo te has sentido?”

  • Evita la pregunta que empiece por “¿Por qué….?”

Cuando preguntas los porqués estamos pidiendo una explicación, por ende una posterior opinión o sermón. En su lugar cámbialo por “Qué…”, “Cómo…”, “Cuando…”. Ejemplo: no es lo mismo decir “¿Por qué has hecho eso?” que “¿Qué te ha llevado a hacer eso?

 

La preadolescencia y su lado positivo

No sabemos aprovechar este gran cambio en nuestro beneficio familiar, nos aterramos ante la idea de la futura preadolescencia y mucho más en la adolescencia. Nuestro hijo está viviendo una crisis existencial y solo se nos ocurre tachar al preadolescente de inmaduro, rebelde, intransigente, desobediente, contradictorio, etc. La sociedad nos la vende muy mal…

¿Habéis oído alguna vez adjetivos positivos para la preadolescencia y la adolescencia? En esta etapa están más abiertos que nunca, pero con una facilidad para cerrarse en ellos mismo pasmosa. Por eso debemos aprovechar esa obertura para llegar a nuestros hijos y evitar que se alejen todo lo posible.

Ahora puedes mantener una conversación de calidad por el pensamiento abstracto típico de la preadolescencia, hablar de sus más temidos miedos y contener y apoyar sus sentimientos y emociones,  es el momento ideal para integrar en su cabeza la importancia que tienen para ti y soltar un “te quiero y te necesito en mi vida” para valorar y elevar esa autoestima que pende de un hilo, la dependencia a la que caminan nos permite relajarnos un poco más como padres, se encuentra en un estado de labilidad emocional muy interesante (supone cambios emocionales más bien bruscos que pueden pasar de la alegría a la tristeza y viceversa en un abrir y cerrar de ojos).

La preadolescencia es el principio de la adultez, nos muestra como empezarán a ser nuestros hijos y no podemos ignorar o censurarla, si no acompañarla y disfrutarla en todo lo posible, haciendo partícipes a los hijos en las gestiones familiares, teniéndolos en cuenta para tomar decisiones y hacerles ver que siempre estaremos ahí, pase lo que pase y sean como sean. Esta etapa pasa, igual de la de las “rabietas”, igual que todas en definitiva. Solo necesitamos un poco de empatía, paciencia y entendimiento.

Mo Queralt

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