MI HIJ@ NO SE ADAPTA

Publicado en Ene 2, 2016 | 0 comentarios

MI HIJ@ NO SE ADAPTA

Primer día de colegio, primeros días de guardería, estancias fuera de casa, quedarse con familiares, vuelta al colegio después de vacaciones… Cualquier cambio significativo puede suponer un trauma para un bebé-niño, pero si hablamos de un gran cambio, como puede ser el hecho de empezar a quedarse en la escuela 3 horas de golpe en un entorno desconocido, las cosas se complican…

Empecemos explicando que es adaptarse, ya que conociendo el concepto podremos entender mejor lo que supone y los procesos que intervienen.

Adaptarse no es encontrarse una nueva situación y aceptarla de inmediato.

Hasta los adultos necesitamos nuestros tempos para adaptarnos a un nuevo lugar de trabajo, un entorno nuevo o desconocido, nuevas relaciones, etc. Pero los niños pequeños lo gestionan un poco diferente.

La adaptación es un proceso lento

La misma palabra ya denota espera. Es un proceso en el que nos acomodamos o acostumbramos a algo o alguien paulatinamente; evidentemente cada individuo tiene su ritmo y un niño especialmente no acepta los cambios de buenas a primera, sobretodo si supone separarse de su madre-padre y quedarse con una media de 25 niños más y un par de adultos en un entorno visual, olfativo y auditivo totalmente desconocidos.

En una adaptación prematura (con prematura me refiero a provocarla antes de que el niño la haga por si solo o voluntariamente) violenta al niño al sentirse obligado y provoca que intervengan factores como el estrés y la angustia que dificultarán la aceptación del entorno al que debe adaptarse.

¿A qué nos exponemos con una adaptación involuntaria y cómo viven o gestionan los niños las adaptaciones?

(¡Que nadie se sienta juzgado ni culpable! Solo informo de lo que nos podemos encontrar al dejar a nuestro peque en un entorno en el que no quiere estar, para conocer y decidir conscientemente)

Nos puede demandar más de lo habitual después del cole o guardería.

Tenemos que entender que nuestro hijo puede pedir ir al parque, pedirte jugar con él, no separarse de ti o no permitir que te vayas lejos o fuera de su vista, etc. Insistidamente. Está compensando el tiempo que no has estado con él.

El niño (muy probablemente) llorará antes, durante o después.

El niño sabe que te has ido, no lo dudes. Tal vez no llore entonces, ni toda la mañana, pero nota tu ausencia y lo expresará de una forma u otra. En cualquier momento de la mañana, el niño llorará, sollozará, suspirará o preguntará por ti.

Un niño no puede pasarse muchas horas llorando, ya que su instinto de supervivencia no se lo permite, por eso no se le verá llorar tres o cuatro horas seguidas (pero sí durante tres o cuatro horas en intervalos de tiempo), pero no es sinónimo de bienestar ni de ausencia de sufrimiento.

Puede que la cuidadora-educadora diga con tono despreocupado que ha llorado solo cuando te has ido o poco después o cuando te ve llegar, pero que durante la mañana ha estado genial jugando con otros niños o juguetes. Eso no es adaptación, es resignación.

Un bebé o un niño no puede adaptarse de golpe a nada, como humano su capacidad de adaptación será más larga o más corta, pero necesitará cierto tiempo para poder llevarse a cabo

¿Cómo podemos facilitar o preparar la adaptación?

– Sin exagerar las “cualidades” de la escuela o guardería con frases del tipo: Qué bien el cole ya verás! Pero si te lo pasas genial! Jugarás con muchos niños!. No debemos ser insistentes ya que entonces puede haber más negación. Tratemos el tema con naturalidad y calma

– Yendo tiempo antes a conocer el entorno para que el niño vaya adaptándose a la situación, olores, personas…Durante unas semanas antes, ir a jugar cerca o en el mismo lugar si nos lo permite la institución donde queremos llevarlo.

– No hace falta estarse mucho tiempo antes avisando de a dónde va a ir, no se adaptará antes por eso, tal vez se estrese más pensando en el gran día, pero podemos ir explicando poco a poco qué es y qué hará allí.

Muchas mamás y papás me preguntan que qué deberían hacer si no tienen otro remedio que dejarlos en la guardería aunque no quieran; que trabajan parte del día y que les cuentan que por lo menos allí se relacionan con otros niños. Hay varias opciones:

– Pedir una reducción de las horas de trabajo (si se puede)

– Que se encargue una tercera persona del niño en tu propio hogar. Reduce el estrés al atenderle en un entorno conocido.

– Dejar de trabajar. Te ahorras lo que te cuesta la guardería. No digo que sea la mejor opción, pero si una de ellas. Muchas familias no se lo plantean hasta que se encuentran en situación o porque les dicen que los niños deben ir cuanto antes a relacionarse con otros niños –aquí te cuento porque no es cierto

– Las madres de día. Si no las conocías, es un buen momento para hacerlo. Son mamás que cuidan de tus hijos como lo hacen con los  suyos, en un entorno amoroso, familiar e individualizado, con un máximo de 5 o 6 niños.

Es importante tener en cuenta los sentimientos y emociones que entran en juego durante un proceso de adaptación en la etapa infantil y que, dependiendo que las vivencias de los niños, su desarrollo se ve condicionado por éstas. La frustración, el miedo, la ira, la tristeza…son emociones desagradables que un niño debe vivir en la vida, pero que la misma vida provoca; no hay ninguna necesidad de que los adultos las enseñemos.

El cerebro del niño hará diferentes conexiones dependiendo de sus experiencias.

Y no serán las mismas, por ejemplo, si les dejamos llorar sin atenderles que si les atendemos al momento. Procuremos que los niños tengan una infancia digna de recordar.

Haberse adaptado supone estar a gusto en la situación que nos encontremos, hasta el punto incluso de no querer irse de allí. Y eso no es precisamente lo que pasa los primeros días/semanas/meses en un entorno nuevo.

La escuela o guardería debería permitir una adaptación real, una adaptación teniendo en cuenta el ritmo y necesidades de cada niño, dejando que los padres acompañen a sus hijos el tiempo que haga falta para que sea agradable su estancia en un lugar donde van a pasar gran cantidad de horas si los padres desean o deben dejarles.

Así que al título “Mi hijo no se adapta” responderé que si lo hace, pero no al ritmo que quisiéramos los adultos.

Mónica Queralt

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