MI HIJO ES MÍO

Publicado en Feb 27, 2014 | 0 comentarios

MI HIJO ES MÍO

Tener este pensamiento es el primer error que cometemos los nuevos papás. Creer que nuestros hijos son nuestros, ya que nos da derecho a tratarles como si fueran de nuestra propiedad, como si no pudieran valerse por ellos mismos.

Al decir MI hijo estoy dando por supuesto que puedo hacer con él lo que considere porque es mío, porque yo soy adulto y él es pequeño y nos cuesta darle importancia a lo que pueda pensar o querer el niño.

Hace relativamente poco los niños eran mercancía, moneda de cambio, esclavos sexuales de quién podía permitírselo, eran propiedad de los padres o de quién deseara comprarlo; no tenían derechos a pesar de su condición de inferioridad para poder defenderse.

Se descubrió la importancia del trato infantil para llegar a ser adultos sanos psicológicamente y desde entonces empezaron a dictarse leyes para la protección del niño.

Pero aún ahora arrastramos este sentido de la propiedad que nos impide ver a “nuestros hijos” como seres con sus propios rasgos de personalidad, carácter, gustos, intereses y necesidades tan diferentes de los nuestros.

Los hijos vienen a través de nosotros, pero no nos pertenecen.

La vida nos eligió para ser sus padres, para albergarlos en el seno materno y criarlos después, pero nos ocupamos de ellos porque nos importan no porque sean de nuestra propiedad.

Nuestro papel como padres y madres es precisamente proteger al niño del exterior que lo quiere manipular, moldear, cambiar y que en un futuro sirva para vivir en una sociedad que no nos gusta a nadie.

Proteger al niño como un bien precioso, pero dejarlo libre para que se desarrolle.

Cuando dejemos de pensar que nuestros hijos son nuestros, empezaremos a darles la libertad que merecen como seres únicos y maravillosos que han llegado para ser felices y cambiar el mundo.

Mónica Queralt

 

 

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