SER BEBÉ ES TAN FÁCIL… ¡COMPLIQUEMOS UN POCO SU VIDA!

Publicado en Ene 11, 2017 | 0 comentarios

SER BEBÉ ES TAN FÁCIL… ¡COMPLIQUEMOS UN POCO SU VIDA!

Una de las frases que más oigo últimamente es ésta, que ser bebé es fácil, muy fácil. Me dicen que los bebés llevan una buena vida , incluso de lujo: duermen lo que quieren, les bañamos y limpiamos, alimentamos, se lo hacemos todo, no trabajan ni tienen que madrugar, no tienen preocupaciones…

Sobre todo me dicen que no tienen preocupaciones. ¿Alguien ha intentado alguna vez pedir algo sin poder hablar ni gesticular? ¡Ser bebé es lo más difícil del mundo! Y no solo eso, sino que además, se lo complicamos aún más cada día y sobreviven a ello! ¿No te lo crees? Te lo cuento ahora mismo 😉

Una de las situaciones más frustrantes que nos encontramos como padres es no entender a nuestros bebés cuando lloran, cuando intentan comunicarse. No sabemos si tienen frío o calor, si tienen hambre, si tienen sueño, si debemos cambiar su pañal, si necesitan afecto y contacto, si les duele algo…Especialmente al principio de su vida, los primeros meses pueden ser angustiosos para cualquier padre.

¿Y cómo podemos saber qué y cuándo lo necesita para ser feliz? Pues ESCUCHANDO, OBSERVANDO y ATENDIENDO al bebé. Qué fácil suena ¿verdad?

Peeeero la realidad que nos venden es otra. El bebé nace, normalmente rodeado de intervenciones (no me meto en si necesarias o no), foco de luz, desconocidos, mamá no siempre está cerca y hace pocos años, para rematar, una buena palmada en el culo y bocabajo, revisiones, pinchazos, pruebas médicas varias en sus primeras horas de vida.

Después llega a casa con un vínculo (dudoso) con su madre y resulta que no puede mamar bien porque nadie le ha enseñado a la mamá ni le ha explicado que puede haber dificultades, solucionables al 99%, pero al fin y al cabo dificultades que le hacen desistir muchas veces de dar el pecho y el niño se queda sin uno de sus tesoros más preciados de su corta vida, ya que la mayoría de profesionales con los que se topa esa familia tiene idea nula sobre lactancia.

Vamos, que no puede hacer nada por sí mismo.

Meses después empieza a gatear, merodear y tocas cosas que “no debe”, prohibiciones y límites inútiles en muchos casos “porque lo digo yo”. Pero seguirá en sus trece y si se cae veinte veces se levantará veintiuna.

Poco después tiene que madrugar para ir a la guardería porque su madre no ha podido o no ha querido tenerlo en casa, para pasar tiempo con 25 desconocidos en un entorno desconocido con un adulto desconocido –más estrés para el niño- y tendrá que aprender a adaptarse a la fuerza.

Pocos meses después tenemos los terribles dos años…

Los injustos dos años diría yo y cambios en el niño en su carácter y personalidad. Se va formando y creando el futuro adulto. Pero lo hace recibiendo críticas continuas “no hagas eso” “no te muevas” “no corras” “cómetelo todo” “al rincón de pensar” “te castigo” “te voy a dar un bofetón” “haz los deberes”, etc. etc. etc. Y así hasta la adolescencia, que tendría que ser una de las etapas más acompañadas e importantes para los no tan niños. Pero no, son rebeldes, contestones, desobedientes, inconformistas..y unas cuantas etiquetas más que no definen precisamente al niño como algo “bueno”.

ENTONCES ¿QUÉ SE PREGUNTA EL BEBÉ?

Pues cientos de cosas que le harán situarse en la vida y en la familia:

– ¿Qué pasa cuando pellizco o pego?

– ¿Cómo reaccionan mis padres cuando hago esto o lo otro?

– ¿Qué se espera de mi?

– ¿Cómo obtengo atención? Y prefieren obtener mala atención (gritos, castigos, etc.) que no obtener nada. La indiferencia e ignorancia para el niño es el acto más grande de desamor por parte de sus padres.  

– ¿Cómo puedo hacerme ver? Ya que necesita demostrar su existencia, para su supervivencia, para encontrar y conseguir contacto, comida, relaciones, conexiones, vínculos…

Y un sinfín de dudas que la naturaleza pone a su disposición y que los adultos no sabemos resolver porque vemos al niño como una amenaza, un manipulador que te toma la medida o te la cuela a la más mínima. ¡Sin piedad con él! ¡Que de mayor será un delincuente si nos dejamos llevar por el niño!

Vamos a intentar cambiar esto, vamos a conocer un poco más qué pasa por la cabecita de ese bebé o niño para que entendamos sus conductas:

El niño está en constante evolución y aprendizaje a una velocidad imposible de seguir por el adulto. El niño necesita saber qué lugar ocupa en el mundo y sobrevivir a él. ¿Y cómo puede el niño saber eso? Pues lo vemos en todas y cada una de las conductas y comportamientos diarios (que en la gran mayoría de los casos son normales y requetenormales), sobre todo las que de peor humor nos ponen o más nos irritan! Pongamos algunos ejemplos:

Llorar cuando les pasa algo o necesitan algo

Como no pueden hablar y no saben hacer gestos, nos encontramos con un ser incapaz de decir exactamente lo que piensa, de este modo la frustración por no hacerse entender empeora la situación. Si lo juntamos con un adulto que también se frustra cuando ve a su hijo frustrado, tenemos la escena servida. Y lo sumamos a que muchos lloros son ignorados por creer que son una treta de manipulación.

Tirar las cosas al suelo o la comida desde la trona

Molesto, si. Necesario, también. Sus primeras clases de física están en el aire y la experimentación de “qué pasará si tiro este móvil tan caro en el cubo de fregar” es vital para su desarrollo neurológico cerebral. Vigilemos pero permitamos, todo lo que hace un bebé conlleva un aprendizaje. Todo.

Gritar “porque si”

Emociones que aún no sabe gestionar, continuas situaciones de estrés – mamá se va, guardería, comida que no gusta, dormir solo…- y experimentar con su aparato fonador sus ritmos, notas, en definitiva conocer su voz y aprender autoconocimiento (¿ese que grita soy yo?).

Arañar, pegar, pellizcar, morder…al adulto o a otros niños

Cuando la frustración surge sin control, ya que, como he dicho antes, aún no sabe gestionar las emociones, pueden desencadenar la exteriorización de la emoción dirigida inconscientemente hacia cualquier persona presente. Créeme si te digo que no saben hacerlo mejor. Y tengamos en cuenta la cita de Laura Gutman en estos casos: Quiéreme cuando menos lo merezca porque será cuando más lo necesite.

Dormir poco o despertarse mucho durante la noche

El sueño de los niños no se acerca ni de casualidad al de los adultos, por mucho que algunos “profesionales” se empeñen en decirlo sin demostrarlo. El ritmo del bebé o niño hasta los tres años es muy distinto, tiene despertares a menudo para procurarse alimento (ya que su estómago es pequeño y la comida se digiere en poco tiempo. La leche materna en menos de una hora) y asegurarse de que el adulto a su cuidado (especialmente la madre que lo parió) está cerca para no morir de frío o inanición.

¿Y cómo se arregla esto? Pues esperando a que crezcan, no hay más. Los bebés y niños nos necesitan para dormir la mayoría de veces. ¿Qué haces tú cuando te vas a dormir? ¿Te tumbas y ya está? O te rascas, te colocas, te bajas o subes el pijama….de todo esto ¿Qué puede hacer un bebé solo? Nada. Por eso nos necesita para dormir.

Crisis de crecimiento o de lactancia

El bebé vive cambios significativos mientras crece, puede padecer crisis de lactancia que le hacen pedir más, enfadarse más, frustrarse más, comer menos, dormir “peor”, estallar en llantos sin “razón” aparente, estar más susceptibles por una pupita de “nada”…

Demanda de apego o crisis de separación de la madre (o de quién más tiempo pase con él)

El niño, que debería poder independizarse a su ritmo y en su momento, lo hace a lo bruto. La dependencia y el apego sanos y seguros provocan una independencia sana y segura. Pero esto pocas veces podemos llevarlo a cabo por las situaciones familiares de cada uno.

¿Y cómo saber que tiene la necesidad de apego cubierta? Podemos deducir o aprender a saber cuando esta saciado, limpio o si ha dormido lo suficiente. Pero nunca podremos saber cuándo ha tenido suficiente contacto.

Vamos a dejar de culpar a los niños por ser como son, ya que los conflictos internos no residen en el niño, si no en la dinámica de las relaciones que tenga, sobretodo familiares y en la forma en que se estructuran los vínculos. Está en nuestras manos educar y criar desde el respeto más profundo. Es la única forma de crear niños capaces de respetar y amar al prójimo.

Por último voy a proponer un ejercicio de empatía muy interesante para los papás. Uno de los dos, debe tumbarse en el suelo o en el sofá y debe intentar explicarle a su pareja, con la condición de que solo puede hacerlo llorando (ni con mímica ni hablando ni nada), que tiene hambre, sed, dolor, sueño, contacto o lo que quiera. La pareja debe adivinar qué necesita la persona que está tumbada.

Y después me contáis la experiencia, me interesará muchísimo 😉

Mo Queralt

 

 

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