VÍSTEME DESPACIO…QUE TENGO PRISA

Publicado en Feb 20, 2014 | 0 comentarios

VÍSTEME DESPACIO…QUE TENGO PRISA

En la sociedad en la que vivimos la prisa está presente en todo momento: vamos a trabajar corriendo, nos duchamos rápidamente, comemos casi sin masticar, dormimos sin dormir,… y el tiempo de ocio se reduce a estar con los amigos el fin de semana y a disfrutar de nuestros hijos cuando llegan del colegio y de las extraescolares para cenar e irse a la cama.

Algunas familias tendrán más o menos tiempo, pero por lo general sucede así, es lo que toca, es nuestro estilo de vida.

¿Pero por qué creemos que los niños también deben vivir así?

Me he encontrado a numerosas madres –y algunos padres- que están preocupados por que el pediatra tal o el profesional cual le ha dicho que el pañal se quita a los 15 meses, que el pecho se debe dejar de dar a los 6 meses porque ya no alimenta, que los bebés deben dormir solos a los pocos meses de vida, que deben comer solos, que no pueden entretenerse con una piedra a medio camino entre su casa y el colegio…

Porque tenemos prisa y llegamos tarde!

Pero los niños no tienen la misma percepción del tiempo que nosotros, ni la misma capacidad para gestionarlo –por suerte!- y mucho menos las mismas ganas de correr cuando lo que le rodea es tan interesante y llamativo como para pararse a observar, tocar, experimentar y descubrir.

¡Qué prisa tenemos en que crezcan y maduren!

El niño se acabará quitando el pañal, acabará por dormir solo y dejando el pecho un día u otro, comerá solo y aprenderá cuando debe o no demorarse, ¿Por qué marearlos tanto?

Dejemos de darles prisa, permitamos que puedan ir a su ritmo y no convirtamos a nuestros hijos en presos de la prisa ni de los horarios ni de los relojes ni de los adultos…

Propongo un juego:

Durante un día sigue a tu hijo y haz lo que el haga, vístete a la misma velocidad, come de la misma manera –si, si, con las manos!- duerme a pierna suelta con él, corre bajo la lluvia y deléitate con un simple caracol subiendo por la pared, ensúciate de barro las manos y la ropa, VIVE con inocencia y pureza.

Aprende de tu hijo, de su ilusión por la vida, por su entorno, de su fascinación por una hoja seca o una rama rota.

Ese día, podría cambiarte la vida.

Por que los niños tienen una forma de verla que los adultos a duras penas podemos ni siquiera imaginar…pero hemos sido niños alguna vez, no?

Mónica Queralt Pernía.

 

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