Una de las grandes preocupaciones de una madre o padre es que sus hijos confíen en ellos cuando sean mayores y se abran al mundo fuera del hogar, cuando pasan por una preadolescencia y adolescencia desconectada de la familia y conectada con sus iguales. Esta situación preocupa porque los padres pierden el control de una parte de la vida de sus hijos y no saben con qué se encuentran ahí fuera. Esta preocupación no sería tal si desde muy pequeños se promoviera la confianza en el hogar. Hoy voy a enseñarte a hacerlo.

Para que los hijos confíen en los padres debe darse una premisa: que los niños lleguen a la adolescencia con la suficiente confianza como para compartir con sus progenitores todo lo bueno y lo malo que pueda pasarle, por muy negativo que pueda parecerte. ¿Qué prefieres, que tu hijo confíe más en otras personas que en ti o que pueda contártelo todo para poder ayudarle o enseñarle a gestionar sus problemas?

He recogido 10 claves para que tus hijos empiecen a confiar en ti desde ya mismo, cuanto más pequeño sea el niño, mejor para ir integrando esta confianza y provocar que el niño mismo venga a ti para confiarte sus más preciados secretos. Vamos allá:

1. No reñirles ni corregirles desde el autoritarismo

A nadie le gusta que le recriminen lo que hace, esté bien hecho o no. A un niño mucho menos. Si cogemos la costumbre de corregir a un niño cada vez que no hace algo como se espera (que serán muchísimas veces) corremos el riesgo de que el niño no quiera ni que estemos presentes en sus logros o fracasos. En lugar de eso, podemos potenciar lo que SI hacen bien y de refilón, comentar lo que opinas, siempre desde la comprensión y el entendimiento. 

Pongamos un ejemplo: Tu hijo está haciendo los deberes y ves que ha hecho mal casi toda la hoja de ejercicios. En lugar de decirle que está mal, que se concentre, que no debería despistarse, que lo haga bien o mejor… Podemos recordarle lo bueno que es cuando se pone a ello, lo bien que lo gestiona cuando está concentrado, la confianza que tienes en él en hacerlo bien, que lo consideras potente y exitoso y si quiere que tú le prestes ayuda. Cuando tu hijo se cría en un entorno que potencia sus cualidades en lugar de sus limitaciones, crece confiando, no sólo en tus padres si no en la sociedad en general y sobretodo y más importante: en él mismo. 

2. No dar sermones

Una vez más ¿a quién le gusta que le sermoneen? Las personas desconectan de su emisor (persona que le habla) en el momento en el que este solo quiere opinar sin tener en cuenta sus sentimientos, personalidad, carácter, necesidades e intereses. Los sermones solo sirven para que quien los da, se desahogue, no educan ni conectan a las personas que conversan, de hecho no es una conversación sino un monólogo. Si quieres que tu hijo te escuche, evita los sermones y asegúrate de que es una conversación de igual a igual, con descansos entre vosotros y permitiendo que cada uno diga la suya.

3. No hacerles sentir culpables

La culpabilidad no educa en absoluto, solo hace sentir mal a la persona que se siente culpable, pero no ayuda a mejorar o cambiar una conducta, sino que hace que esa conducta no se repita o se repriman sentimientos. En lugar de hacer sentir culpables a los niños haz que se sientan responsables de sus actos y comportamientos, preguntándoles que les parece lo que ha pasado, cómo se han sentido, cómo pueden hacer las cosas mejor. Si empiezas a culpar a los niños de pequeños, olvídate de tener en casa a un adolescente con ganas de conversar.

4. Practicar la escucha activa y las preguntas abiertas

Cuando le comunicas a alguien lo que no te parece bien debes tener en cuenta a esa persona, mirarla a la cara, darle tiempo a responder, dejar espacios de silencio para pensar. La escucha activa es todo lo contrario a dar sermones. Supone escuchar por el placer de escuchar, solo para que la persona que te habla te explique sus problemas sin esperar a dar tu opinión. Normalmente solemos tener ganas de que la persona que habla acabe ya para dar nuestro punto de vista, pero los niños y sobretodo los adolescentes, solo quieren ser escuchados y ya encontrarás el momento para comentarle lo que tu opinas, pero mientras se desahogan de sus problemas, simplemente ESCUCHA.

Haz preguntas abiertas que den respuestas abiertas, una pregunta cerrada sería “¿Te has hecho daño?” ya que la respuesta sería un SI o un NO, pero si la hacemos abierta “¿Cómo te has hecho daño?” la respuesta será más larga y nos dará más información para ayudar a nuestros hijos.

5. Empatizar con su causa

Un “Lo entiendo, aunque no lo comparto” puede ser muy potente. Sus causas son sus causas, lícitas e igual de importantes que las tuyas propias, no menosdesprecies los motivos que llevan a tus hijos a tomar decisiones, a no ser que peligre su salud, integridad física, etc. 

Que los niños se den cuenta de sus errores también ayuda a que confien en ti al ver que les das la oportunidad de equivocarse, y aún así debes estar cuando fracasen para recordarles que nos caemos para aprender a levantarnos en lugar de hacerles sentir mal por no haber hecho caso a tus consejos. Los comentarios tipo “ya te lo dije” solo alejarán a tus hijos de ti.

6. Compartir con ellos sus intereses y los tuyos

Juega a sus sus juegos favoritos, acompáñales al partido…e invítales a que vengan contigo a tus eventos. No se trata de obligar si el niño no lo desea, se trata de hacerle ver que cuentas con él. Buscad intereses comunes para compartir lo que os guste y pasa tiempo exclusivo con cada hijo y los intereses comunes, para que vean que son especiales.

7. No juzgar ni reprochar

Cuando pones en juicio lo que hacen los demás te arriesgas a que se alejen de ti o no compartan según que momentos. Imagínate lo que ocurre con un hijo. Guárdate los juicios y reproches para ti misma para aprender y evita que tus hijos te vean como una madre o padre que siempre está esperando el momento para recordarte lo que has hecho mal o poner en duda sus acciones. Opinar desde el entendimiento para ayudar no es lo mismo que juzgar, los niños no van a verlo como algo positivo y huirán lejos de las personas que los juzgan (posiblemente como haces tu).

8. Respetar su espacio e intimidad

Es importante saber que las personas tenemos secretos, y que tenemos derecho a no contarlos. Presionar a los niños y adolescentes para que nos cuenten según que cosas solo hará que hablen cada vez menos. Algo tan sencillo como no entrar continuamente en sus habitaciones (cuando piden intimidad ya en la preadolescencia, no cuando son niños), puede marcar la diferencia entre “te respeto” y “no te respeto”, con la exploración del propio cuerpo para igual, los niños necesitan estar con ellos mismos, conocerse físicamente. 

Evidentemente el niño o adolescente debe tener un espacio propio para sus cosas y poder aislarse del resto de la familia. En la adolescencia verás la desconexión más importante de la vida de una persona. Si hacemos las cosas con cariño y bien, los hijos vuelven, no lo dudes.

9. Compartir tus propios sentimientos para enseñar a compartirlos

No solo es imprescindible que los niños desde muy pequeños puedan expresar sus emociones, sean las que sean sin ser juzgadas ni reprimidas, también lo es que las vean, las sientan, al ver por ejemplo a su madre llorando o enfadada. De este modo cuando tu hijo esté triste por algo no tendrá reparos en mostrarlo y podrás ayudarle mucho mejor. Así que si lloras, no te escondas, hazlo delante de tus hijos, que te preguntarán que qué te pasa y podrás tener con ellos un momento de conexión esencial.

10. Pedir su opinión para las decisiones en el hogar

Gestionar un hogar juntos, en familia, es una de las mejores formas de mantener una confianza plena en tus hijos y que se sientan parte íntegra de la familia, uno más de verdad. Por eso siempre que toméis decisiones en casa: de que color pintar la pared, donde ir de vacaciones, qué ropa ponerse, etc. ten en cuenta su opinión y que se hagan las cosas con el hijo quiere de vez en cuando, que parte del hogar tenga algo suyo, decidido por él.

Todo esto es un proceso, paulatino, en el que estás regando y abonando una plantita (tus hijos) con mimo y cariño, para mantener una familia unida, vinculada por la confianza y el respeto. ¡Empieza hoy mismo!

Mo Queralt

Pin It on Pinterest

Abrir chat
¿Necesitas ayuda?
¡Hola, soy Mo! ¿En qué puedo ayudarte? ¡Cuéntame!
Powered by