Cuando convivimos varias personas en el mismo techo, podemos aportarnos cosas maravillosas pero también podemos tener encuentros desagradables, ya que cada uno tiene su carácter, personalidad, gusto, etc. Muchas familias reconocen que tienen más afinidad con unos hijos y menos con los otros y a su vez les pasa con sus propios padres. 

Las relaciones familiares no tienen porqué ser conflictivas, pero cuidar de personas menores, de un bebé, de un abuelo o abuela, de otra persona dependiente….suma situaciones que no son fáciles con las que una/o debe aprender a vivir. Dicho esto, hay situaciones concretas, especialmente cuando criamos que suman una vez más momentos tan intensos y duros, como mágicas e inolvidables.

Hoy te traigo una lista de estos factores que pueden provocar estrés familiar y que pueden deteriorar las relaciones si no se hace absolutamente nada para superarlas. Veamos esa lista y consejos para la gestión de esas situaciones:

 

– No conocer y/o entender los estados de desarrollo de los niños

Uno de los factores de más estrés familiar que veo en mi consulta es no saber qué es un niño, qué conductas y comportamientos son normales para su edad, ya que en muchos aspectos no se parece al adulto. La lista es larga ya que va desde el nacimiento hasta el final de su infancia: cómo, cuánto y cuándo duerme, cómo, cuánto y cuándo come, cuándo camina, cuándo habla,  cómo se enfada o gestiona sus emociones, qué necesita cuando llora, etc. Esta incertidumbre puede provocar mucho estrés y el contínuo “¿lo estaré haciendo bien?” que lleva a consultar en grupos de crianza, reunirse con familias con hijos de la misma edad…Gran idea si se pretendemos quedarnos más tranquilas.

 

– Creer que el niño es el responsable de nuestros estados de ánimos

“¡Es que me hace enfadar!”, típica frase que se suelta cuando el niño actúa negándose a obedecer o molestando a ojos del adulto. El niño hace de niño, no pretende molestar ni “hacer enfadar” a nadie, pero aún así se llega a creer que son responsables de nuestras propias emociones. esa situación puede ser muy estresante para el niño, ya que exculpa al adulto y culpa al niño, sintiéndose totalmente responsable de cómo se pueda sentir el adulto. Cada uno es responsable de su estado de ánimo y ésto es lo que debemos transmitirle al niño.

 

– El lloro y rabietas de los niños

Como comento en el primer factor, la gestión de las emociones, no saber cómo hacerlo, si se debe permitir al niño llorar, gritar, morder, pegar, enfadarse…provoca gran estrés, tanto a adultos como a niños. En la adultez no está bien visto gritar, ni pegar, ni enfadarse con alguien y llorar suele ser ignorado y poco acompañado (“venga va, no llores…”), evidentemente esta represión y visión de las emociones desagradables, que no negativas, provoca que sentirnos así y verlo en los niños más intenso, provoque estrés y angustia. Llorar y enfadarse siempre será una buena forma de desahogarse y de aprendizaje de autocontrol paulatino de la emoción, si entendemos que es normal, necesario y vital para el desarrollo del ser humano, dejaremos de condenar esas emociones, empezando por aceptar las de los niños. 

 

– La demanda continua

Junto al bebé también nace un ser que necesita de apego y contacto continuo durante al menos sus primeros 9 meses, que poco a poco irá necesitando menos al adulto, especialmente a la principal figura de apego que suele ser la madre, hasta la adolescencia. Claro que esa demanda (de pecho, de brazos, de juego…) es diferente en un bebé de 4 meses y en un niño de 4 años. Que el niño necesite al adulto tanto, que no permita que lleve una vida como la que tenía (dormir cómo antes, salir, hacer deporte, descansar…), creer en esas expectativas, puede provocar mucho estrés. Aceptar que se tiene un ser vivo mamífero a cargo y conocer sus necesidades más vitales, puede bajar la intensidad de la vida familiar: tener un hijo no es lo mismo que no tenerlo, no hay más.

 

– Dormir poco por los despertares del niño

No dormir lo que se necesita pasa factura a nivel físico y emocional. Lo se. Es una de las situaciones que peor llevan las madres y padres: no dormir, dormir poco o dormir mal. Los bebés, por lo general, hasta los 3 años aproximadamente, no duermen lo que se dice del tirón y tienen numerosos despertares. Eso es normal en ellos, su ritmo es diferente, no hay más y la única forma de que duerman como los adultos es poniendo en práctica la tortura de los métodos conductistas, que pasan factura en un futuro no muy lejano. Por lo tanto se debe luchar por una mejor conciliación que no obligue a las madres, especialmente las que tienen la baja maternal de 16 semanas (aquí en España), a trabajar tan pronto si no duermen todo lo bien que deberían. Aquí puedes leer sobre este tema.

 

– Que coman mucho o poco o mal

Uf, el tema de la comida es un grandísimo factor de estrés para toda la familia, sobretodo si el bebé o niño come lo que consideraríamos “poco”, pero ¿qué es poco?

Eso suele decidirlo el o la pediatra, que aunque no tenga especialidad en nutrición o algo relacionado con el tema, recomienda ciertas cantidades, puede que en forma de papillas o promoviendo la alimentación autorregulada por el bebé; sea lo que sea, las cantidades no suelen coincidir con lo que realmente ingiere el bebé o niño y esa expectativa frustra mucho. Es importante saber que es contraproducente obligar a los niños a comer y que se autorregulan perfectamente si ofrecemos una dieta variada y saludable.

 

– Su salud

Ai…cuando el niño se pone malito, el estrés crece rápidamente, no saber cómo ayudarle, verle sufrir y pasarlo mal o verle decaído es desesperante. Aquí poco más que paciencia y acompañar al niño en su recuperación, que afectará al aumento de demanda de las madres y padres. Aquí te explico los aliados de los niños en su salud

 

– No hacer tribu

Más arriba lo comento: criar en comunidad es la mejor forma de reducir el estrés mientras educamos. Madres con madres y padres con padres, en tribu, compartiendo preocupaciones para comprobar que tus hijos también pasan por lo mismo o para comprobar que no todos son iguales, sea lo que sea, de un grupo de apoyo se sale restaurada y más empoderada! Busca o crea un grupo con el que compartir tu crianza, que tengan una filosofía de crianza parecida y respetuosa.

 

– No cumplir expectativas 

Cuando no se consigue lo que se espera, el estrés aparece y crece y crece a no ser que trabajemos en ello. En la crianza pueden no cumplirse muchas expectativas: que tu bebé sea prematuro, no poder dar el pecho, que el niño sea “poco” comedor, que tenga unas rabietas incontrolables que aparecen de golpe y sin aparente explicación, un parto instrumentalizado y poco o nada respetado, un bebé que pasa por alguna enfermedad o proceso clínico inesperado…y mil cosas más que condicionan el estado de ánimo y las emociones de cualquier madre o padre. Aprender a vivir con ellos no es fácil, pero es posible. Una vez más, encontrar apoyo en otras familias puede ser la clave. 

 

– No tener el apoyo del entorno familiar, de la pareja, etc.

Cuando se cría desde el instinto, una madre sobretodo, puede encontrarse con un entorno hostil, contrario y amenazante. Cuando la madre decide dar el pecho puede que le digan que para qué si puede dar biberón, y si decide dar el biberón puede que le digan que porque no da el pecho que es lo mejor. Y con esto pues con todo, especialmente cuando empieza todo, ya en el embarazo y posteriormente en el postparto, uno de los momentos de la vida de una mujer más frágil y sensible, un momento incomprendido y tabú, que otorga unos sentimientos e instinto que no todo el mundo entiende (“no quiero que nadie coja a mi bebé de 2 meses, me pongo nerviosa y me sale la vena más mamífera”), por eso otra vez el apoyo del grupo es primordial para esa madre si no tiene ningún apoyo más en su forma de criar.

 

Las madres, el 90% de personas con las que trabajo, se encuentran actualmente en una sociedad que condena el sentido común e instinto materno, se la infantiliza e inferioriza si defiende a su cría, si quiere parir en casa o si no quiere ir al médico para todas las revisiones de su hijo. Se ha idealizado tanto una crianza profesional que no se ve a las madres capaces de valorar cuando sus hijos necesitan ayuda y se las hace sentir mal por no seguir las normas. Este factor, es el que provoca mayor estrés de todos. La protección de la maternidad e infancia queda aún muy lejos, ¡yo sigo trabajando en ello!

 

Mo Queralt

Pin It on Pinterest

Esta web utiliza cookies, no son de chocolate pero son necesarias :) aquí puedes acceder a la política de privacidad    Ver Política de cookies