Tras la muerte de mi abuela hace pocas semanas, he sentido la profunda necesidad de escribir sobre ella.

Dicen que madre no hay más que una. En mi caso no es cierto. Yo tenía dos.

Mi madre está en mi vida en cada paso que doy, ya que gracias a ella soy la madre, la profesional y la mujer que soy ahora. Está visible en el día a día, en mi trabajo mi hogar y mi crianza.

La aportación de mi abuela era más sutil…

sin darme cuenta aparecía su ayuda, sin decírmelo directamente a mi se preocupa y preguntaba sobre mi vida, me daba sin saber que me daba; pero lo importante para mi abuela era que nadie la viera sufrir y ser suficientemente autónoma a sus 90 años como para cuidar de todos sus hijos, nietos y bisnietos y que nadie tuviera que estar pendiente de ella.

Lo consiguió hasta sus últimos días.

Mi abuela era de aquellas mujeres polivalentes, madre, compañera y amiga que entregaba todo su tiempo a la crianza, cuidado y educación de su familia. Madre de 5 hijos -uno de ellos con serias dificultades mentales para ser autónomo e independiente- a los que vestía con ropa cosida por ella, lavaba diariamente en el río teniendo que romper el hielo que lo cubría en el invierno más crudo.

Pluriempleada en una fábrica, costurera en casa y para otras familias, pastelera y cocinera para quien hiciera falta, pero con tiempo libre para arropar, besar, abrazar y educar a sus 5 hijos y a los de los vecinos y nodriza de más de un niño hambriento. Sin quejas, sin tiempo libre para sus hobbies, sin opción a rendirse.

No se cuantas veces habrá llorado mi abuela cuando todo se complicaba.

No se cuanto habrá sufrido por los suyos ni cuantas noches en vela se habrá pasado por su familia, no se cuantas veces habrá dejado de comer para dárselo a sus hijos, pero seguro que lo sobrellevaba con un talante y fuerza que ahora quisiéramos las madres.

Aun en sus últimos suspiros nos dijo “¿estáis sufriendo por mi”? Por supuesto que sufrimos por ti abuela, perderte es perder un poco de todos nosotros.

Se que mi madre no se sentirá ofendida por estas palabras y se que yo no me ofenderé cuando mi hija reconozca que también tiene dos madres y se que mi abuela se ha ido viéndonos a todos unidos para acompañarla en su despedida.

Desde el más allá seguirá velando por nosotros.

A mi dulce abuela y madre

Mónica Queralt

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