“¡QUÉ VIENE EL LOBO!” CONSECUENCIAS DE CONTROLAR A LOS NIÑOS A TRAVÉS DEL MIEDO

Publicado en May 11, 2019 | 0 comentarios

“¡QUÉ VIENE EL LOBO!” CONSECUENCIAS DE CONTROLAR A LOS NIÑOS A TRAVÉS DEL MIEDO

Recuerdo claramente cuando me quedaba a dormir en casa de mi abuela. Si no quería ir a la cama ella me acompañaba y me decía después de darme un beso en la frente “Si no te duermes vendrá el Coco y te comerá”. Mi abuela era un encanto de mujer, pero ¿Cómo se supone que debía dormirme pensando en que vendría un tal Coco y me comería? ¿Cómo podía pensar mi abuela que sería una buena idea decirme eso para que yo descansara bien y quisiera volver a su casa otro día?

Los niños tiene miedos, eso todo el mundo lo sabe. Los adultos tenemos miedos. Eso también se sabe. Lo que tal vez no se sepa es que hay dos clases de miedos: los miedos evolutivos y los miedos aprendidos.

El miedo y como lo gestiona el niño

El miedo es una emoción básica y vital para la supervivencia porque nos avisa de que algo no va bien y de que se debe actuar para no correr un riesgo. Tener miedo al fuego es necesario para no quemarnos, ¿cierto?

Pero sobre los miedos infantiles todo es un poco más complejo, sobre todo si lo dificultamos los adultos al intentar educar con el miedo. Los miedos evolutivos los aprendemos de las experiencias vividas de niños, no provocadas por el adulto o a sabiendas y los miedos infundados o aprendidos los aprendemos (valga la redundancia) por los adultos con intención que provocar en el niño una reacción o el cambio de una conducta.

El niño vive la experiencia del miedo evolutivo de una forma natural y sin exageraciones, suele pasar rápido y no deja rastro de trauma si no intervenimos mucho. Por ejemplo cuando nuestro hijo pasa cerca de una valla y un perro ladra fuerte, el niño se asusta y viene llorando a nuestro lado pidiendo brazos. Aquí podemos reaccionar de varias maneras, la más adecuada es abrazarle si lo desea, permitir que llore y se exprese y explicarle tranquilamente que los perros ladran, que este lo hacía para proteger su casa y que es normal que se asuste.

El niño, dependiendo de su edad nos irá recordando la situación vivida para irla gestionando mentalmente “mama, el perro ha ladrado, ¿verdad?”, “papa, tengo miedo del perro!”, “mama, el perro era grande y negro y me ha asustado”, etc., etc. y nosotros solo debemos asentir, escuchar y explicar si lo vemos necesario, la situación vivida “si hijo, el perro te la ladrado, ¿te ha dado miedo? Es normal tener miedo, ¿el perro era muy grande? ¿Cómo de grande era?”…y comentar la situación hasta que el niño vaya paliando los efectos del susto y pueda calmarse. El miedo permite al niño entender su entorno, entender el mundo y valorar según su criterio lo que debe ser temido para sobrevivir.

Pero cuando el miedo es aprendido o infundado, el aprendizaje puede acompañar al niño durante toda una vida y lo peor es que ese miedo se lo transmitirá después a sus propios hijos e irá perpetuándolo.

Puede que la frase del título no la hayas dicho nunca y te parezca muy dura, pero a los niños les decimos otras más sutiles aunque igual de peligrosas, pensando que podría ser por su bien o para conseguir algo de él. Cuando queremos que no salga corriendo solo, que no se suba a una estantería, que no salte encima del sofá, que se lo coma todo…hemos oído o dicho frases como estas:

  • No toques al perro que te va a morder
  • No subas ahí que te caerás
  • No cruces que te atropellará un coche
  • No saltes en el sofá que te romperás algo
  • Si no comes te quedarás pequeño

Estas frases a menudo las oyen los niños de personas que les quieren y que se supone quieren lo mejor para ellos, pero mentirles -ya que esas afirmaciones tampoco son ciertas- crea en el niño un miedo irreal que no sabrá gestionar más adelante.

El niño asustado, como actúa

El niño asustado que tiene miedos evolutivos que van desapareciendo con la edad o con nuevas experiencias agradables, le dedicará un tiempo a su miedo hasta dominarlo (como el ejemplo del perro que ladraba), pero cuando el niño vive un miedo aprendido puede grabarse y perdurar en el tiempo si no se ha tratado correctamente. Ese niño no podrá llevar una vida normal, ya que ese o esos miedos le impedirán conseguir objetivos concretos. Pongamos el mismo ejemplo del perro que ladraba y dos opciones que pueden provocar un trauma en el niño. En la misma situación en que le ladra el perro al niño:

  1. Nosotros corremos igual o más asustados hacia el niño, gritando, lo cogemos en brazos y mientras llora asustado le decimos “nunca te acerques a un perro! Son malos, muerden, te pueden hacer daño!”, si exageramos la situación estamos plantando una semilla de terror en el niño que se irá regando cuando pase delante de otros perros y su madre/padre le vuelva a recordar “no toques al perro que muerde, recuerdas como te ladró aquel perro?”
  2. Cuando el niño viene corriendo hacia nosotros asustado le decimos “bah! Que no da miedo, no te asustes, solo es un perro, los niños mayores no se asustan…” estamos menospreciando sus sentimientos y emociones y el miedo no desaparecerá.

En estos casos, puede que el niño, más mayor, evite pasar por esa calle, evite caminar cerca de los perros, no pueda estar en casa de alguien que tenga perro, no pueda tener su propio perro, etc.

El niño que tiene miedos puede actuar alargando la angustia de separación, minando su autoestima al no verse capaz de enfrentarse al miedo, le costará más independizarse y ser autónomo, necesitará tener un adulto cerca para sentirse seguro en un entorno que ya lo sería –si no hubiéramos infundado el miedo-, de mayor tendrá miedo de cosas o situaciones que ya no tendrían que dar miedo y transmitirá a sus hermanos menores y a sus propios hijos los mismos miedos.

Consecuencias ¿Qué conseguimos realmente metiendo miedo a los niños?

  • Que el niño sienta odio hacia él mismo. Lo contrario del amor no es el odio, si no el miedo. Los adultos podemos corromper esa emoción desagradable cuando la transmitimos de una forma insana y además si el niño siente miedo de cosas o situaciones que ciertamente no debe temer, puede llegar a odiarse a él mismo por sentirse así y no saber cómo controlarlo.  
  • Perpetuar los miedos a sus propios hijos. Cómo hemos dicho más arriba, si tememos a los perros pensaremos que son peligrosos y cuando seamos madres o padres tendremos miedo a que nuestros hijos se acerquen a los perros, por ende les transmitiremos ese miedo a no ser que lo trabajemos en nosotros mismos.

En este caso puedo decir que mi madre les tiene pánico a los perros (a estas alturas podéis imaginar porqué) pero ella, aunque a veces no podía evitar ponerse tensa frente a un perro grande cuando mi hermana y yo éramos pequeñas, nunca nos transmitió ese miedo llegando incluso a decirnos que ella sí tenía miedo pero que los perros eran buenos y que solo debíamos acercarnos con cuidado, preguntando al dueño si podíamos tocarlo. De hecho tuvimos perro siempre en casa. Mi madre trabajó sus propios miedos para evitar pasarnos ese trauma. Le estoy tremendamente agradecida por ello.

  • No poder llevar una vida normal. Podemos transmitir miedos muy diversos. Conozco personas que son incapaces de meterse en el mar, aunque sea acercarse a la orilla, por miedo a ahogarse, personas que no pueden ir en coche por miedo a tener un accidente, personas que no pueden subirse a un ascensor por miedo a quedarse encerrados…Es cierto que estos pueden ser miedos evolutivos en los niños: si han vivido un accidente de tráfico pueden tener miedo a subir al coche. Pero cuando perduran en el tiempo y no se superan es cuando ese miedo se convierte en un problema y debemos plantearnos acudir a un especialista si no sabemos gestionarlo nosotros.
  • Tener una regresión. Los niños que sufren alguna situación de miedo pueden, durante un tiempo, vivir situaciones ya superadas, como volver a hacerse pis si ya dominaba el control de esfínteres, querer dormir con los progenitores otra vez si ya dormía solo, tener conductas infantiles para que le atiendan, etc. En definitiva podemos ver conductas o comportamientos que parecen no tener relación con el miedo vivido.
  • Mermar la capacidad de gestionar los conflictos. Cuando le decimos a un niño “esto es peligroso” nos cree y si vamos “en su ayuda” cuando vemos que intenta subirse a una silla y le decimos que se va a caer, el niño cree que no es capaz de solucionar ese problema, sin saber muy bien porqué (pero como lo dice mama…)
  • Disminuir su autoestima. Cuando el niño tiene miedo, está sintiendo inseguridad, cuando enseñamos miedo a algo que no ha venido de una forma natural y “le salvamos de la situación” le estoy diciendo que no puedo confiar en él para enfrentarse al conflicto. Cómo decíamos antes: afecta a su autoestima.

Cómo quitar el miedo o tratar el trauma si ya está hecho

Para poder ayudar a nuestros hijos a superar sus miedos, sean evolutivos o aprendidos, podemos hacer un montón de cosas:

  1. Evitar las frases prohibidas:
  • Eso no da miedo
  • No tengas miedo, no te asustes, no llores, no te enfades, o sea: NO SIENTAS
  • Tienes que ser valiente, los niños valientes no tienen miedo (esta frase es curiosa, ser valiente no es NO tener miedo, si no tenerlo pero enfrentarse igual al miedo; es muy diferente lo que solemos transmitir)
  • No seas pequeño o los niños mayores no se asustan
  • etc.
  1. Que los niños puedan poco a poco enfrentarse a los miedos

Pasar cerca de la valla del perro que ladra con normalidad o verlo a lo lejos, ir a conocer un cachorro o perros muy tranquilos de familiares o amigos…

Provocar las situaciones de una forma paulatina y con cariño, sin forzar la situación, por ejemplo si a tu hijo le da miedo la oscuridad no hace falta dejar la luz abierta pero podemos proponer una lamparita o la luz del pasillo.

  1. No menospreciar al niño ni avergonzarlo de lo que tema, sea lo que sea

Muchos niños tienen miedo de cosas o situaciones que no entendemos (he visto niños entrar en pánico al ver ondear una bandera…), para nosotros será una tontería, para el niño –depende de cómo se gestione- puede ser el principio de un trauma que perdure.

  1. No transmitir nuestros propios miedos

Puede parecer difícil, pero debemos trabajar en nuestros propios miedos para no pasárselos a nuestros hijos, sobre todo si detectamos que son infundados o aprendidos. Intentemos dar ejemplo para darles un modelo de superación que imitar. 

  1. Enseñarles a ser prudentes no temerosos

No es lo mismo tener miedo que tener prudencia. Enseñarles a tener miedo de las personas, los animales, las situaciones peligrosas, etc. les hará huir del conflicto sin parase a pensar y analizar cómo resolverlo.

  1. Encontrar el motivo o la causa que produce el miedo

Intenta descubrir a qué, cómo, cuándo, dónde… si conocemos la raíz podremos trabajar en ello con el niño y mostrarle, poco a poco que no debe temer a esa situación.

  1. Elevar su autoestima

Con tareas significativas en casa, promover su autonomía, actividades o tareas sencillas que tengan un éxito asegurado para elevar su seguridad y confianza y cuando se las ofrezcamos podemos verbalizarlo: “Confío en ti, se que puedes hacerlo, tu eres capaz…”

  1. Hablar de los miedos si el niño quiere

Escuchar cómo se siente, qué emociones le provoca, cómo dormirá mejor, qué necesita para sentirse bien, etc. Igualmente evitaremos hablar del miedo si el niño no quiere tanto como las situaciones que estén relacionadas.

  1. No decirle mentiras para evitar los miedos

Podemos maquillar un poco la información si la verdad no iba a entenderla, pero mentirles diciéndoles que el perro no le ladrará si se pasa por la valla para hacer ir al niño, puede empeorar la situación.

  1. Compartir con ellos momentos de calma

Intentar pasar momentos de tranquilidad, música relajante, meditación, cocinar…en definitiva que haga cosas que le hagan sentir muy bien, de esta forma enseñaremos formas de relajarse para cuando se encuentre en la situación de conflicto con su miedo.

  1. Darle un toque humorístico al miedo

Una terapia muy efectiva es transformar los aspectos más aterradores de su miedo mediante dibujos, caricaturas….A los actores que tienen pánico escénico muchas veces se les recomienda imaginarse al público desnudo.

Si acompañamos los miedos con calma, comprensión y cariño, desaparecerán sin dejar rastro, si no, nos arriesgamos a meter ese miedo en nuestros hijos para siempre. Es nuestra responsabilidad como padres preocuparnos por hacerlo correctamente.

Mo Queralt

.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.