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Según recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría y de la Organización Mundial de la Salud respecto a la lactancia materna se debería alimentar al bebé exclusivamente de leche materna (siempre que sea posible directamente del pecho) durante los 6 primeros meses y a partir de aquí empezar a ofrecer (ofrecer no es lo mismo que dar) alimentación complementaria.

Es decir, que hay un alimento principal, la leche materna -así que debe mamar más que comer- y hasta mínimo los dos años de edad.

¿Y porque quedarse ahí?

Podemos seguir estas recomendaciones  -que se han demostrado con estudios fiables-  o las de nuestro corazón, que nos dirá exactamente lo que debemos hacer, y que difícilmente se equivocará al respecto.

En mi opinión nos complicamos la vida innecesariamente en la cría de nuestros hijos en muchos aspectos, y sobretodo en lo que se refiere al primer año de vida.

Muchas madres me comunican que no quieren dar el pecho porque supone estar pendiente del bebé, o de levantarse por la noche a darle el pecho en una silla para luego volver a dejarlo en la cuna…

Pero si nos paramos a pensar es mucho más complicado dar el biberón:

Tenemos que prepararlo: medir la cantidad de leche en polvo adecuada, la cantidad de agua adecuada, calentarlo a la temperatura idónea, hacer la mezcla y comprobar si está muy caliente (a veces tendremos que esperar a que se enfríe) o si está muy frío (a veces tendremos que volver a calentarlo).

La única ventaja es que pueden turnarse el padre y la madre para levantarse a darle el biberón, ¿pero no sería mas fácil para todos –especialmente para el bebé- que el padre se levantara para colocar al bebé en el pecho y dar el pecho directamente?

La madre prácticamente no tiene que moverse, ni que levantarse, ni abrir los ojos siquiera!, gran cantidad de madres que dan de mamar durante la noche y practican colecho reconocen que muchas veces no se acuerdan de cuándo ni cuánto han dado de mamar a sus bebés, y todas ellas, aun con sus idas y venidas, reconocen que no se volverían a perder un momento como este.

Además de la NUTRICIÓN EMOCIONAL (cariño, calor, seguridad,…) que nuestros bebés reciben mediante la lactancia.

A las mamas que dudan si deben o no seguir su instinto les invito a probarlo, a experimentar como mamíferas que somos, la gran ventaja que nos ha dado la naturaleza, dar el pecho a nuestras crías.

 

Mónica Queralt

 

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